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Pereira se respeta

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A la concejal Carolina Giraldo la han querido callar con argucias jurídicas para que no continúe actuando.

Y si han querido hacerlo es porque el trabajo que está adelantando desde el Concejo de Pereira incomoda a quienes no toleran la participación ciudadana ni el control político en la ciudad.
Luchar por una Pereira más verde, más equitativa, menos corrupta y donde la defensa del espacio público se convierta en un objetivo programático, le ha valido un sinnúmero de procesos judiciales impulsados por caciques y empresarios locales que elevan quejas ante los estrados por calumnias y difamaciones.

Como lo señaló la revista Semana en un número reciente, el mismo cuadro se ha presentado en otras ciudades del país. Quienes pretenden defender el espacio público y el medio ambiente se ven cercados por una profusión de demandas, sin otro propósito que el de la intimidación, pues como ya sucedió en el caso de la concejal en al menos dos oportunidades, los demandantes entablaron los procesos y después no se presentaron a las audiencias citadas por los organismos de control.

Paradójicamente, la avalancha de procesos surge porque, como ocurre pocas veces, la concejal está haciendo bien su trabajo. El Frigorífico del Otún S.A.S. interpuso una acción de tutela por vulnerar su buen nombre tras la denuncia que C. Giraldo realizó ante la Corporación Autónoma Regional (CARDER) demostrando que la empresa estaba vertiendo aguas contaminadas en el río Otún. La denuncia se basó en una recolección de muestras que fueron estudiadas por la Universidad Tecnológica de Pereira, cuyo análisis comprobó que los residuos que salían de la planta superaban los niveles de contaminación permitidos. La empresa ha continuado la querella judicial, pero hasta ahora la responsabilidad por la contaminación ambiental que fue denunciada con semejante contundencia no ha sido asumida.

Más allá de las diferentes denuncias o conflictos que pueda generar el control político en una sociedad tan poco acostumbrada a él, lo que salta a la luz es que tras la recuperación del espacio público, la concejal está defendiendo una concepción integral del urbanismo de la ciudad. C. Giraldo ha señalado acertadamente que Pereira desarrolló su tejido urbano sobre la base de tres parques que animaban su vida pública. Desde mediados del siglo XX, el tren y el tranvía desaparecieron para darle cabida a los carros, que terminaron por dictar —como aún ocurre— la casi totalidad de la política de movilidad urbana. Triste, pero cierto.

Empoderar a la ciudadanía y reformular el sentido del espacio público genera más beneficios para Pereira que repartir tejas y bultos de cemento en las semanas previas a las campañas electorales. Carolina Giraldo no está jugando con el erario público ni sometiéndose a los caprichos de los poderosos. Es más, a pesar de la intimidación y de las advertencias, no le ha temblado la voz para continuar defendiendo las libertades individuales, los derechos ciudadanos, la necesidad de que el gobierno y la planeación de la ciudad quede en manos de políticos y expertos técnicos, nombrados por sus méritos y su vocación de servicio, en lugar de entregárselos a la clientela de una u otra camarilla.

En un país tan lleno de apatía ciudadana y corrupción esa posición ética y política tiene que servir de ejemplo y ganar más simpatizantes. Pereira no le pertenece a ningún grupo de privilegiados, sino a todos los pereiranos. Por esa razón, y para que le quede claro a los que no parecen entenderlo, Pereira se respeta.

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