Bienvenido, AMLO

Daniel García-Peña
04 de diciembre de 2018 – 12:00 a. m.

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La posesión de AMLO como presidente de México fue verdaderamente histórica. El ritual de purificación por parte de chamanes de los pueblos indígenas. Dos discursos, uno ante el Congreso y otro ante 150.000 personas apretujadas en el Zócalo. Celebraciones, simbolismos y contenidos que son rompimiento con prácticas del pasado y anuncian nuevos tiempos por delante.

El leitmotiv que resonó claramente a lo largo del día, que domina el discurso y la propuesta de AMLO, es la lucha contra la corrupción, o en sus palabras, la “purificación de la vida política”. Decisiones como quedarse a vivir en su propia casa y convertir a Los Pinos, la tradicional residencia palacial de los presidentes mexicanos, en un centro cultural abierto al público, o la venta inmediata del avión presidencial y el compromiso de viajar en vuelos comerciales, mandan el mensaje de que la transparencia y austeridad empiezan por el propio presidente.

Pero los cambios no terminan ahí. A lo largo de la campaña expuso los “100 puntos” —un popurrí de reformas constitucionales y medidas puntuales—, que enumeró, uno por uno, ante sus seguidores en el Zócalo. Algunos ejemplos: establecer la educación y la salud como derechos fundamentales, becas para los estudiantes, crear 100 universidades públicas, derogar la versión mexicana de nuestra Ley 30, un sistema de salud pública y gratuita como en Canadá, aumento de pensiones, apoyo al agro, prioridad a pueblos indígenas en los programas sociales, fomento a energías limpias, no al fracking y a las semillas transgenéticas, aumentar la cobertura del internet del 25% al 95% del país, wifi gratuito en parques y plazas públicas, catalogar la corrupción como delito grave sin derecho a fianza, no más “moches” (la versión mexicana de la mermelada), no más pensiones para los expresidentes, no más fueros para el presidente y funcionarios públicos, no más espionaje a opositores, una comisión de la verdad para el caso de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, amnistía para los presos políticos y la creación de una guardia nacional.

También incluye una serie de proyectos de desarrollo, que se compromete a realizar consultando a la gente y sin afectar el medio ambiente: una nueva refinería para dejar de importar gasolina; el Tren Maya de 1.500 km para transportar turistas, pasajeros y carga entre Yucatán y Chiapas; una vía férrea en la parte más estrecha del país para conectar el Atlántico y Pacífico, y un nuevo aeropuerto ampliado en Ciudad de México.

Una de sus ideas más interesantes es la zona libre “más grande del mundo”, en una franja de 25 km de ancho a lo largo de toda la frontera con Estados Unidos, en la cual se reducirán el IVA y el impuesto a la renta a la mitad, mientras se duplicará el salario mínimo, con el propósito de atraer inversión y generar empleo, para que los migrantes dirigiéndose a los Estados Unidos se queden en el lado mexicano, que él denomina la “última cortina”, un contraste muy evidente frente al muro propuesto por Trump.

Fiel al lema “el pueblo pone y el pueblo quita”, AMLO se compromete desde ya a convocar en julio de 2021 una consulta sobre su permanencia en el poder. Pero quizás lo más poderoso es su mensaje central, sencillo pero contundente: para el bien de todos, primero los pobres.

El programa es superambicioso y el propio AMLO lo denomina la “Cuarta Transformación”, tras las tres anteriores: la Independencia (1810-1821), la Reforma (1855-1863) y la Revolución (1910-1917). Esto no solo le da una connotación histórica a su gobierno, sino que le recuerda al país azteca de los grandes cambios que ha podido realizar en el pasado.

Todo lo anterior suscita la pregunta legítima: ¿de dónde sacará la plata para financiarlo todo?, más aún cuando se compromete a no subir los impuestos, ni crear nuevos ni aumentar la deuda pública. Su respuesta ha sido que los recursos provendrán del fin de la corrupción y la eliminación del gasto superfluo del Estado.

Lo cierto es que se trata de un viraje sustancial, abiertamente en contra del neoliberalismo de los gobiernos anteriores. Para las izquierdas latinoamericanas, tan de capa caída, esto significa una esperanza. Pero también conlleva sus lecciones, en particular en materia de transparencia. ¿Qué opinará el PT brasilero o el kirchnerismo argentino de la cruzada de AMLO contra la corrupción? Lástima que en la transmisión no mostraron la cara de Evo Morales, ahí presente, cuando el nuevo presidente mexicano habló con vehemencia en contra de la reelección (Maduro no había llegado y Ortega había cancelado).

Los obstáculos son inmensos; los enemigos, poderosos y los retos, formidables. Pero AMLO inicia con un gran apoyo popular, unas amplias mayorías en el Congreso y sobre todo el respaldo de los dioses indígenas y de la Virgen de Guadalupe. ¡Viva México, cabrones! (Recordando a Molotov).

danielgarciapena@hotmail.com

* Profesor de la Universidad Nacional de Colombia y director de Planeta Paz.

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