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Se aproxima otro 9 de abril, fecha consagrada por la Ley de Víctimas como Día Nacional de la Memoria.
Este año, cobra aún mayor significado con la bienvenida iniciación de los diálogos con el Eln, cuya insistencia en la participación de la sociedad constituye un complemento al proceso con las Farc, a la vez que ratifica el papel central de las víctimas.
La inclusión de la Memoria, que en el acuerdo con los elenos se califica como “no olvido”, es uno de los grandes avances del proceso actual que lo diferencia de los anteriores, basados en el viejo concepto de “perdón y olvido”. El informe publicado hace un año por la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, en desarrollo de lo acordado en La Habana, constituye un insumo importante para el esclarecimiento de la verdad.
Este proceso tiene otro elemento clave: el respaldo de Estados Unidos, como lo evidenció la presencia del secretario de Estado John Kerry en La Habana. Bienvenido el dinero prometido de Paz Colombia, luego de todo lo que gastaron en la guerra , y ojalá puedan facilitar la presencia de Simón Trinidad en la mesa. Pero hay otro aporte fundamental que EE. UU. puede hacer y tiene que ver precisamente con el tema de la Memoria.
La presencia de Estados Unidos en nuestro conflicto data desde sus orígenes. Aquel primer 9 de abril, día de la gran batalla de los inicios de nuestra larga guerra fraticida, otro secretario de Estado estadounidense, George Marshall, se encontraba en Bogotá. La rapidez con la cual señaló al comunismo internacional como responsable del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán fue clave para voltear la Conferencia Panamericana a su favor y embarcar a toda América Latina en la cruzada anticomunista. Curiosamente, a pesar de que han pasado tantos años y se han vencido los plazos establecidos por ley, la CIA ha negado la desclasificación, solicitada por ciudadanos y ONG estadounidenses al amparo del Freedom of Information Act, de los archivos relacionados con esos hechos relevantes para dilucidar los orígenes del conflicto colombiano.
No sería la primera vez que EE. UU. contribuya al esclarecimiento de la verdad en América Latina. De hecho, el presidente Obama salió de Cuba para Argentina, donde anunció la desclasificación de los archivos relacionados con la dictadura militar. Años antes, el presidente Clinton había hecho lo mismo con relación a Chile. Igualmente, en un caso quizás más cercano al nuestro, en el marco de los acuerdos de paz en Guatemala, Clinton no solo desclasificó los archivos sino que pidió perdón públicamente por el apoyo de EE. UU. a las brutalidades cometidas por los militares.
Para superar el conflicto y avanzar verdaderamente hacia la reconciliación es fundamental esclarecer la historia. Por tanto, para conmemorar el Día de la Memoria, debemos pedirle al gobierno de Obama: ¡Desclasifique!
La Memoria es aún más urgente ante intentos de tergiversar la historia, como pretende la bacrim Clan Úsuga invocando el nombre de Gaitán, sacrilegiándolo como valerosamente lo ha denunciado su hija.
danielgarciapena@hotmail.com