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No hay con quién

Daniel García-Peña
06 de diciembre de 2011 – 06:00 p. m.

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Hubiera sido histórico: dos afrodescendientes compitiendo por la presidencia de EE.UU. como candidatos de los partidos tradicionales. Hasta hace poco, esa posibilidad era bastante real.

Herman Cain, sin ninguna experiencia previa en política, se había encaramado en todas las encuestas como favorito para ser el candidato del Partido Republicano para enfrentarse al presidente Barack Obama en las elecciones de noviembre del año entrante. Defensor a ultranza del capitalismo de libre mercado, este empresario exitoso había entusiasmado a la base de la derecha con un discurso agresivo en contra de todo lo que oliera a Washington. Su mera presencia como puntero ya de por sí era significativa como ejemplo de cómo se siguen rompiendo las barreras raciales en EE.UU.

Pero así como su ascenso fue repentino, su caída fue estruendosa. Acusaciones de acoso sexual y de una relación extramarital lo obligaron a retirarse. Mala noticia para los republicanos, que en menos de un mes iniciarán el largo proceso para determinar quién será el gallo que enfrentará a Obama.

Todo empezará en dos pequeños estados, Iowa y New Hampshire, por lo general insignificantes y poco visitados, pero que por tradición salen del anonimato cada cuatro años por ser donde se inicia la campaña maratónica de selección interna de los partidos. Durante meses, los precandidatos republicanos recorrerán los cincuenta estados, enfrentándose en las primarias, donde se eligen los delegados que se reunirán en la convención nacional de agosto en Tampa Bay, Florida, para escoger el candidato presidencial.

En los últimos meses, las encuestas han tenido cinco delanteros distintos, que suben como espuma para luego desinflarse. La primera estrella fugaz fue Michele Bachmann, fundadora del Tea Party, quien pronto se derrumbó por su pobre desempeño en los debates. Luego apareció Rick Perry, que se disparó como preferido de la derecha religiosa, pero revelaciones sobre su pasado racista motivaron su desplome rápido. El más consistente ha sido Mitt Romney, que a lo largo de los meses se ha mantenido primero o segundo. Proviene del sector moderado del partido, lo que podría convertirlo en el más fuerte contendor de Obama, pero eso mismo lo hace muy vulnerable al interior del Partido Republicano, donde es percibido como demasiado “liberal” por parte de la derecha dura del Tea Party. El actual favorito es Newt Gingrich. Lideró la lucha contra Bill Clinton en los tiempos de la Lewinsky, pero cayó en desgracia por su propio lío de faldas. Sin embargo, desde ese entonces, como comentarista de Fox News, ha recuperado el respeto de la derecha radical.

Todas las condiciones están dadas para un triunfo republicano. El nivel de popularidad de Obama está muy bajo, no sólo entre los conservadores que lo odian, sino también entre su base liberal que se siente decepcionada, y ya no despierta entusiasmo. La economía sigue en crisis. Sin embargo, la poca solidez de sus contendores es hasta ahora la principal ventaja con la que aún cuenta Obama para lograr su reelección.

danielgarciapena@hotmail.com

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