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Paz y reforma agraria, ¡ya!

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Tarde o temprano se impondrá la salida negociada al conflicto armado colombiano por una simple razón: nuestra guerra no es ganable militarmente.

Esto no desconoce los importantes triunfos por parte del Ejército Nacional, pero lo cierto también es que las guerrillas han demostrado a lo largo de las décadas una importante capacidad de resistencia. Pero sobre todo, muchas de las condiciones que dieron origen al conflicto no se han modificado y, en algunos casos, han empeorado. Hoy la tierra está más concentrada que hace 60 años cuando se conformaron las primeras guerrillas para luchar contra la concentración de la tierra. Esto no justifica la violencia de hoy, pero sí explica su prolongación.

El presidente Santos ha demostrado tener una concepción más sofisticada e integral del conflicto que el gobierno anterior, empezando por el reconocimiento de su existencia y por haber puesto temas como restitución de tierras y derechos de las víc timas tan altos en la agenda nacional. Pero también es evidente que la restitución de tierras no es equivalente a una reforma agraria y que el modelo de desarrollo que se impulsa, particularmente por la locomotora minera, arrasa el territorio y genera nuevos conflictos. Preocupa que la tan anunciada ley de desarrollo rural no haya sido parte de las prioridades de la actual agenda legislativa y que los borradores que andan rondando parezcan más refritos del proyecto del gobierno pasado que una verdadera política agraria.

Es significativo que en medio de este nuevo contexto, Piedad Córdoba y un grupo de mujeres destacadas de diferentes partes del mundo les hayan pedido a las Farc que liberen a los soldados y policías aún en su poder. Así como Santos se dio la pela reconociendo la existencia del conflicto, las guerrillas deberían acatar el Derecho Internacional Humanitario de manera inmediata y contundente, no como un gesto a Santos, sino en reconocimiento a los estándares mínimos establecidos por la humanidad.

Por su parte, Santos debe reconocerles a las guerrillas su carácter político. De hecho, al invocar el tema de tierras, sin decirlo, se está reconociendo la importancia de una de las banderas históricas de las Farc. Si bien nadie discute que hoy las guerrillas ya no tienen el respaldo de antaño, que están fuertemente comprometidas con el narcotráfico y que acuden con frecuencia a actos de terrorismo, es necio desconocer los fundamentos ideológicos que siguen motivándolos.

Esto no implica entregarles a las guerrillas la vocería de los pobres. Hay que hacer reformas, no porque las pidan las guerrillas, sino porque las requiere el país. Por ende, deben definirse con la sociedad civil, capaz de defender sus propias propuestas, más que en una mesa de negociación con las guerrillas.

La paz de mañana no se puede parecer al Caguán, pero tampoco se vislumbra la rendición de las guerrillas. Ni las Farc pueden seguir considerándose como el “Ejército del Pueblo” ni el establecimiento puede pretender que se supere el conflicto manteniendo el statu quo.

danielgarciapena@hotmail.com

@danigarciapena

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