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POR ESTOS DÍAS LOS MEDIOS HAN presentado los debates en el Polo como simples disputas personales entre precandidatos presidenciales. Pero lo que verdaderamente está en juego es un asunto mucho más de fondo: ¿el Polo tiene como función ejercer la oposición eterna o debe prepararse para gobernar y lograr transformar a Colombia?
Unos, aferrados a conceptos añejos como “vanguardia”, ven al Polo como un templo cerrado, exclusivo para creyentes, expertos en oponerse a todo. Consideran que juntarse con otros desdibujaría al partido. Prefieren seguir pensando que son poseedores de la verdad y descalificando a quienes discrepamos, sin entender que eso sólo sirve para mantenerse en la marginalidad, alimentar la polarización y seguir la guerra con sus correspondientes muertes.
Otros estamos convencidos de que lo que necesita Colombia es un Polo abierto y pluralista, en sintonía con el país, capaz de convocar a otros y trabajar con quienes tengan ideas diferentes, a favor de objetivos comunes.
Los primeros consideran que para 2010 el candidato presidencial del Polo debe llegar a la primera vuelta solo. Nosotros, en cambio, pensamos que el Polo debe liderar desde ya la construcción de una amplia convergencia democrática, convocando diversas fuerzas políticas y sociales que le permitan presentar al país una alternativa viable a las políticas del régimen actual. No se trata de un pacto electoral coyuntural, sino de un acuerdo programático que logre, en el mediano y largo plazos, sacar a Colombia de la guerra, mediante la construcción de un verdadero Estado social de derecho, dejando atrás la polarización Uribe/ Farc.
Hace rato pasaron los tiempos en los cuales un puñado de “iluminados”, aprovechando circunstancias específicas, podían hacer las revoluciones por sí solos. Hoy, los procesos de cambio democrático en América Latina muestran otra realidad: Chávez, Evo, Correa, Lula, Cristina, Bachelet, Tabaré, Colom, todos y todas son el resultado de coaliciones amplias de partidos políticos y movimientos sociales. Los triunfos de Lucho en 2003 y de Samuel y Navarro en 2007, así como la alta votación de Carlos Gaviria en 2006 no se debieron exclusivamente a los militantes del Polo.
Sin embargo, en los últimos tiempos, en la conducción del Polo ha primado la visión de un partido cerrado, como se evidenció en la negación a apoyar candidaturas progresistas —hoy alcaldías— en Cali, Medellín y Cartagena.
También hay quienes creen que el Polo debe dividirse, para crear dos izquierdas, una moderada y otra radical, como en España. Es posible que eso pueda ser lo más conveniente para otras latitudes y aun en una Colombia futura. No obstante, sigo creyendo que en la Colombia de hoy la división del Polo sería una irresponsabilidad histórica tan grave como mantenerlo cerrado a nombre de la unidad.
Lo más probable es que en 2010 estemos ante un contendor poderoso, llámese Uribe vía referendo o candidato único del uribismo vía consulta multipartidista. Cabe también la posibilidad hipotética de que el uribismo se divida en mil pedazos. Pero como aconsejan las abuelitas, desear lo mejor, pero prepararse para lo peor.
Por ello, tanto dividir al Polo como negarse desde ya a abrirlo para construir una convergencia, sólo servirían para perpetuar al uribismo.