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EL CONGRESO DEL POLO TERMINÓ en tablas. No se confirmó la división que tanto se había anunciado, ni tampoco se consolidó la unidad. Las heridas no se sanaron; por lo contario, se abrieron muchas nuevas.
Quienes acompañamos a Gustavo Petro en sus propuestas, salimos con un sabor amargo. Por un lado, gracias a su discurso extraordinario el primer día, se logró que una amplia mayoría del congreso acogiera nuestra tesis central: el Polo debe liderar la conformación de una amplia convergencia política y social sobre un acuerdo programático para ganar la Presidencia en 2010, derrotar el proyecto uribista y sacar a Colombia de la guerra. Igualmente, fue mayoritaria la propuesta de la consulta abierta para escoger el candidato presidencial.
Sin embargo, lo que se ganó en el debate político, se perdió en el muñequeo por el control del aparato. Como en cualquier partido tradicional, mediante el engaño y la maniobra, incumpliendo los acuerdos pactados, se cambiaron las reglas a última hora y, ¡oh sorpresa!, fueron reelegidos Carlos Gaviria como presidente del partido y Carlos Bula como secretario general. No obstante, el 38% que obtuvo Luis Carlos Avellaneda para la presidencia y el 47% de Gloria Flórez a la secretaría demuestran que muchos no estuvimos de acuerdo.
Dos noches antes, el propio Gaviria en su discurso de instalación, que él mismo calificó como su último acto como presidente del partido, había sido enfático en afirmar que no deseaba ser reelecto. No tengo dudas sobre la sinceridad de esas palabras. Pero también hemos sido testigos en más de una ocasión de su capacidad de sucumbir ante la presión de Robledo y Dussán.
Algunos se preguntan si su condición de presidente reelecto del Polo le resta credibilidad para convocar un frente contra la reelección de Uribe. Pero lo más grave es su condición de presidente-candidato.
Es cierto que técnicamente Gaviria aún no es precandidato y reitera con frecuencia no querer serlo. De hecho en el memorable discurso de instalación también dijo que “no sólo no busco sino que declino de antemano” la candidatura presidencial.
Sin embargo, los signos indican todo lo contrario. El MOIR y el Partido Comunista promueven su candidatura en todas partes. Si estos sectores no fueron capaces de encontrarle reemplazo como presidente del partido, mucho menos podrán sustituirlo como precandidato a la Presidencia de la República.
Lo cierto es que Gaviria debe ser precandidato. No cabe duda de que representa una importante opinión en el interior del partido, que obtuvo una votación histórica en las pasadas elecciones presidenciales y que hoy lidera las encuestas en intención de voto para la consulta interna del Polo.
No se trata de una mera discusión estatutaria ni un problema semántico, sino una cuestión ética. La principal tarea del presidente de un partido en épocas electorales es dar garantías a las diferentes expresiones, lo cual es incompatible con ser un precandidato de facto. Por ello, saludamos la decisión de Petro de seguir luchando en el interior del Polo, pero no sólo ahí, sino sobre todo hacia el país.
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Toda mi familia está conmovida y profundamente agradecida por la ola de cariño, admiración y homenaje que se produjo a raíz de la muerte de Roberto Posada García-Peña, quien nos hace mucha falta.