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‘Waka Waka’

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EL MUNDIAL ES DEFINITIVAMENTE uno de los más maravillosos inventos de la humanidad.

Es el evento magno del deporte más popular del mundo. Posiblemente se vea mejor fútbol en la UEFA Champions League o la Copa de Libertadores, pero en la Copa Mundo se enfrentan países. Es además el certamen deportivo de mayor impacto. Aunque no tiene la pompa de las Olimpiadas, es justo afirmar que los goles despiertan más pasión que las medallas de oro.

Pero el Mundial es sobre todo una celebración de la comunidad de las naciones, de la hermandad y la solidaridad, del deporte como arte, talento y creatividad, del juego limpio y el error humano. Es una fiesta de la diversidad cultural y la integración, de todos y todas, de grandes y chicos, de ricos y pobres.

En esta ocasión, la rumba fue africana y en particular sudafricana. El héroe, tras escenas: Nelson Mandela, el Bolívar viviente de las mayorías negras recién emancipadas. Aunque decepcionaron futbolísticamente, con la excepción de Gana, los africanos parecen ser quienes más disfrutaron del carnaval.

La otra estrella, que permitió que Colombia brillara fuera de la cancha, fue Shakira. Waka Waka, que combina pop, ritmos afrocolombianos, la soca de Trinidad y Tobago, guitarras sudafricanas y un estribillo basado en un canto de Camerún, batió todos los récords de Youtube y iTunes.

El Mundial nos permite ejercer el derecho a soñar. Tras la ausencia de Colombia, a falta de uno, decidí adoptar los cinco equipos suramericanos. Y entre ellos, a Argentina, por Maradona, que siempre me ha gustado por jugador genial, medio gamín, irreverente, periquero y amigo de Fidel.

Empezamos superbien. Dominamos las primeras rondas. Ya veía la final de mis sueños: Argentina derrota a Brasil, con gol de Messi.

Pero de pronto, en menos de 24 horas, todo colapsó. Con el primer gol holandés, Brasil se desbarató. Y qué decir del desplome argentino. Al escribir estas palabras, aún no se sabe si Uruguay haya logrado superar a la naranja mecánica.

América Latina mostró mucho talento y gran emoción, pero poco trabajo en equipo y menos cabeza fría. Cualquier parecido con la realidad no es una mera coincidencia.

Por lejano que el fútbol parezca de la realidad, por válvula de escape y distracción que pueda también ser, las pasiones que despierta son parte de la vida, de la política, de la economía, es decir, de la realidad.

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