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‘Yes, we did’

Daniel García-Peña
11 de diciembre de 2008 – 07:36 p. m.

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CAMINANDO POR LAS CALLES DE Washington y Nueva York, se pensaría que se trata de la estrella de rock del momento.

En todas las esquinas, se venden camisetas, cachuchas, gorras, bufandas, calzones, videos, libros, CD, afiches, calendarios, prendedores. Las hay con su rostro, con su familia, con sus palabras, con la bandera de USA, con la Estatua de la Libertad, con Abraham Lincoln, con Bob Marley, con Martin Luther King. El hecho de que la celebridad sea el presidente electo de los Estados Unidos es una muestra más del fenómeno social y cultural sin precedentes que tiene conmocionada a la potencia del norte.

El fenómeno Obama es mucho más que un simple objeto de consumo. Ha despertado entusiasmo y optimismo que se asemeja más a la sensación de haber ganado un mundial de fútbol que a lo que correspondería a la grave crisis económica que atraviesa el país.

 Todos hablan de él. Un hombre afroamericano en un bar de la capital mostraba con orgullo la foto tomada con su celular de cuando alcanzó a estar a pocos metros del primer presidente de raza negra. Los grafitis en las paredes de los barrios lo aclaman como si estuvieran invocando a un salvador. Un vendedor inmigrante en una tienda de Nueva York lo tiene como imagen de fondo en su pantalla de computador. Sobre las vitrinas de almacenes de marca se exhibe el Yes, we can.

Lo que fue una campaña exitosa para ganar las elecciones es hoy una ola de emoción, apoyo y expectativa que ninguna figura de la política jamás había despertado por estos lares. El Yes, we can (sí podemos) se ha convertido en el Yes, we did (sí lo hicimos).

Pero como lo dictaminó una persona más realista, son tan altas las expectativas que se tienen con su llegada al poder que no hay forma humana de que pueda cumplirlas todas. El sólo hecho de que asume su mandato en medio de la peor crisis económica en casi un siglo ya de por sí limita en gran medida lo que puede hacer.

 A la fecha, sus decisiones siguen generando mucho respaldo. Para encabezar el ministerio encargado de asuntos de los veteranos de guerra nombró a un ex general que había sido destituido por el gobierno de Bush por haber advertido sobre las dificultades que implicaría la invasión a Irak, una clara bofetada al gobierno actual, el más impopular de la historia. Sin embargo, Obama y su equipo han sido muy cuidadosos en recordar que sólo hay un presidente y que éste sigue siendo Bush, con el cual se ha logrado establecer una dinámica muy interesante de empalme.

Claro está que Washington y Nueva York no representan lo que pasa en el resto del país y me imagino que otra cosa se debe estar viviendo en los estados del sur y medio oeste que obstinadamente votaron por el candidato republicano. Ni me imagino lo que pueden estar pensando los racistas, que aún existen en masa, ante la realidad de que su próximo presidente sea negro.

De todas maneras, la gente se prepara para la gran fiesta que será su posesión el próximo veinte de enero. Se calcula que más de cuatro millones de personas van a descender sobre la capital de USA para presenciar el día histórico. Desde hace semanas, todos los hoteles de la ciudad están reservados y las personas están alquilando sus casas a precios exorbitantes para acomodar a los visitantes. El resto del mundo lo veremos por televisión. ¡Long live Obama!

danielgarciapena@hotmail.com

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