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La élite nacional con vida en la ciudad amurallada debería ayudar a vigilar la contratación y la gestión del alcalde ‘Manolo’ Duque.
Hay que decirlo: el alcalde Manuel Vicente Duque, ‘Manolo’, no genera confianza en diferentes sectores. Las historias del río de dinero el día de la elección y de un entorno de clase política tradicional han creado una preocupación que se repite: «van por la contratación». La gente no confía en el control que depende del Concejo. De hecho, como contó LaSillaVacia.com, los padrinos políticos del alcalde quieren quedarse con la Contraloría Distrital.
Así que un primer reto de las ‘fuerzas vivas’ de la ciudad es armar un esquema de vigilancia preventiva de la contratación, con el acompañamiento de la contraloría delegada de participación ciudadana del nivel nacional.
El problema es que la idea de ‘fuerzas vivas’ se encuentra con una indiferencia ciudadana muy grande. El empresario Jorge Enrique Rumié dice, con agudeza, que esta es una crítica típica de gente de afuera. Mi observación es un poco distinta: i) la Fundación Pro-Cartagena, Funcicar, es, sin duda, un gran aporte empresarial; ii) tener candidato a la alcaldía no es tarea primordial de las fuerzas vivas, y iii) éstas no solo son de los estratos pudientes.
Al día siguiente de las conversaciones de Thomas Piketty ante la multitud del 10% que va al Hay Festival, fui a un barrio popular. Quince cuadras de un caño destapado, de aguas detenidas, lleno de basura y maloliente son una muestra del espíritu adormecido de la ciudad. De los vecinos acostumbrados al caño, de la autoridad ambiental, de la administración distrital. La desigualdad nadando en indiferencia. En una situación general así, lo sorprendente sería que hubiese ‘fuerzas vivas’ en esplendor.
Una fuerza viva desde ‘abajo’ que se necesita son las juntas de acción comunal, que deben elegirse en abril. Bernardo Romero, líder del movimiento comunal, tiene ideas para revitalizarlo, pero no lo logrará solo. Pasa lo mismo con la vasta, profunda y sostenida educación cívica que hace falta. Ambos hechos, la participación barrial y el cambio de comportamientos, se facilitan si hay una visión de ciudad, o al menos unas metas de desarrollo y bienestar, que provengan del liderazgo principal de los sectores público y privado, y muevan a la gente porque esta las entiende y tiene razones para creer.
Pero en credibilidad del liderazgo Cartagena no está bien, es decir, en liderazgo. Por lo que convendría que muchos bogotanos, caleños, antioqueños con casa o apartamento en la ciudad amurallada secundaran alguna iniciativa de una institución nacional por Cartagena (de revista Semana y Alejandro Santos, por ejemplo), que no partiría de cero porque están las experiencias de Funcicar y Cartagena Cómo Vamos.
Hay consenso en que la alcaldía breve de Dionisio Vélez fue buena, en general. Y ahora hay desconfianza e incertidumbre sobre lo que viene en 2016-2019. Puede ser un temor infundado, pero Cartagena es demasiado importante para el país como para desestimar la alerta de muchos cartageneros.