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Que el exceso de amabilidad con el saliente alcalde Guerrero no impida ver la magnitud y profundidad de lo que debe hacerse.
Es difícil darle un sobresaliente a Rodrigo Guerrero en educación. La agenda obvia para 2016-2019 es lo que no se hizo en 2012-2015: i) meterse con la economía política de la inmensa cobertura contratada (100.000 cupos), ii) elevar la calidad medida por las pruebas estandarizadas nacionales, iii) aumentar la cobertura en la educación media (estancada en 60%), y iv) fortalecer institucional y técnicamente a la Secretaría de Educación.
La cobertura contratada ha sido ‘prueba ácida’ de la capacidad reformista de los alcaldes. El capítulo de educación en ‘Cali Cómo Vamos 2014’ decía claramente: “El total de cupos oficiales no utilizados en Cali es de 28.456, los cuales podrían reemplazar igual cantidad de cupos contratados”. Un número escandaloso que da para detrimento patrimonial y que ha carecido de control político efectivo.
Tuvo que sacar el Ministerio de Educación el decreto (1851/2015) que impide contratar colegios privados de baja calidad (percentil 20 en pruebas Saber de la entidad territorial) para que el tema se moviera. Entre 25.000 y 30.000 estudiantes estarían en colegios que no califican, lo que da una idea del flaco favor a la equidad. La reacción del secretario saliente Polanco fue decir que máximo se podía trasladar 8.000 alumnos. Bueno, ha debido comenzar antes … si Guerrero le hubiera ordenado.
Ahora la nueva secretaria, Luz Elena Azcárate, está en la dura operación de reubicar de colegio a casi 27 mil estudiantes en un mes. Una historia de no creer. Encima tiene liderar una estrategia para evitar que Cali siga cayendo en los resultados (puntaje global promedio) de Saber 11 en 2016, y en febrero o marzo llega el probable golpe de la noticia nacional del desempeño en el Índice Sintético de Calidad Educativa, ISCE.
Mientras el 61% y el 53% de los bachilleres de Bogotá y Medellín, respectivamente, están entre los puestos 1 a 400 (de 1000) en Saber 11, Cali tiene un 41% (2015). Colateralmente, la ciudad bajó de 407 a 309 beneficiarios de Ser Pilo Paga, en contraste con los 890 de Medellín. Que gracias, pueden decir los pilos de escasos recursos de Cali. Todo tan molesto como la opacidad estadística de la Secretaría, por su debilidad técnica, que dificulta el diseño y seguimiento de las políticas.
Eso es lo obvio, de las cosas urgentes. Lo menos evidente es cuál es el proyecto de educación que va a orientar las decisiones y los planes de largo plazo. O mejor, cuál es el proyecto al cual responderá el proyecto de educación. La buena noticia es que tal vez sí existe, recién puesto a circular. Se trata de la narrativa de competitividad regional ‘Un Valle que se Atreve’, resumida por Esteban Piedrahita en El País. Una visión en la que Cali tiene un rol central. Las fortalezas de ‘Un Valle de Gente Creativa’ y ‘Un Valle de Bionegocios’ es claro que pasan por la educación.
Es cierto que un discurso económico no basta como base para orientar la educación, pero un discurso social o cultural basta menos. Y para pensar la educación en grande y en detalle ninguna ciudad puede cambiar de horizonte cada cuatro años o peor, no tener ‘narrativa’. Maurice Armitage tiene la ventaja de haber armado un gobierno incluyente para aclimatar una visión pragmática de índole económica. @DanielMeraV