Farc armada agrava sin salida histórica de Colombia

Daniel Mera Villamizar
02 de septiembre de 2019 – 12:00 a. m.

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El presidente Duque todavía puede resolver el “empate político negativo” en torno al Acuerdo de Paz con las Farc.

Como hemos visto, en lugar de reconocerles razón a los críticos del Acuerdo, los han responsabilizado de la decisión de volver a las armas de Iván Márquez, Santrich, Romaña, el Paisa y demás.

Esto corrobora que este debate público está agotado: ni hechos ni argumentos cambiarán las posiciones enfrentadas. Al contrario, los sesgos cognitivos alimentados por el odio lo que harán es endurecer los muros de comprensión.

Llegamos al punto en que pacifistas justifican la decisión de volver a la guerra de alias Márquez y cía criminal, no obstante la desautorización de los voceros que representan a la mayoría de la FARC.

La violencia y el crimen no serían culpa de sus organizadores y perpetradores, sino de sus adversarios ideológicos. El mundo al revés. “Nos disponemos a matar”, y el maldito es Uribe.

En este clima político-ideológico no habrá acuerdo en la opinión pública sobre el pasado inmediato ni sobre el futuro de los Acuerdos de Paz. El ajuste o corrección del Acuerdo Final con las Farc seguirá dividiendo de modo irreconciliable y también la perspectiva con el Eln.

Lo que el Gobierno y el Congreso han estado haciendo es cerrar la posibilidad de un acuerdo similar al que se firmó con las Farc mediante la eliminación expresa de la “conexidad” o impunidad del narcotráfico, el secuestro, los crímenes sexuales contra menores y los delitos ambientales en relación con el “conflicto armado” o “delito político”.

Dado este cambio en la estructura de incentivos para desmovilizarse, la vía que está quedando para resolver el problema del Eln es el sometimiento militar.

Si este Gobierno no logra eso y el siguiente quiere negociar con el Eln como hizo Santos con las Farc, tendrá que tramitar una reforma constitucional que encontrará la oposición de los que no quieren más impunidad en estos procesos, hartos de ver congresistas de lesa humanidad.

Lo que nos hundiría más en esta aparente sin salida histórica: sin forma de dirimir la división por el Acuerdo con las Farc, y sin consenso sobre las bases de un nuevo acuerdo de este tipo.

Por las circunstancias y trayectorias de Márquez, Santrich y demás, es de suponer que en esta nueva rebelión armada solo contemplan “vencer o morir”, aunque es probable que se plantee una nueva negociación con las Farc de Márquez y las disidencias, para un “eterno retorno” deprimente.

El presidente Duque tiene la opción de meterle el diente al problema de fondo, que ya vimos no se resuelve con la opinión pública, sino con los actores políticos, y para eso necesita más liderazgo, gobernabilidad y ambición histórica. Descartada una constituyente, le quedan los recursos del Congreso de la República y los partidos.

En palabras de Rodrigo Uprimny: “La mejor salida es que las partes cooperen y logremos un amplio acuerdo político, que incluya a las Farc, sobre qué ajustes pueden hacerse a la paz, a cambio de un compromiso efectivo por una implementación rápida e integral de lo pactado”.

Iván Duque no tiene que corromper el Congreso para alcanzar la mejor salida, pero sí hacer valer los 10 millones de votos y una coalición de gobierno. La paz de Santos fue política de gobierno, que se puede corregir con una política de Estado.

@DanielMeraV

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