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Glosas a Uprimny (I): Sudáfrica

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Rodrigo Uprimny nos regaló una “falsa analogía” entre Colombia y Sudáfrica en cuanto a la paz, que toca devolvérsela.

El domingo pasado sostuvo en su columna que “es contradictorio admirar a Mandela y considerar inaceptable este acuerdo con las Farc”. Para llamar la atención sobre la debilidad de esta afirmación bastaría con invitar a Uprimny a tomarse un café con José Miguel Vivanco, de Human Rights Watch, para que platiquen al respecto. Vivanco seguro admira a Mandela y calificó de “piñata de impunidad” el acuerdo. ¿Vivanco y millones se volvieron incoherentes o Uprimny cometió una ligereza (de gran alcance)?

A mí no me parece inaceptable el acuerdo de justicia transicional con las Farc, pero sí el planteamiento de Uprimny, por el trasfondo intelectual que tiene y sus consecuencias morales.

Primero la demostración. Entre las falacias de argumentación que estudian las sociedades de debate en colegios y universidades está la “falacia de la falsa analogía”, que consiste en sacar una conclusión “sobre la base de una analogía que parece evidente. Se comparan dos hechos, destacando las semejanzas entre ambos. Sin embargo, se dejan de lado diferencias importantes, ocultándose el hecho de que esa comparación es incorrecta desde un punto de vista lógico» (Wikia).

Dice Uprimny: “Sudáfrica conoció dilemas semejantes a Colombia pues allá también la transición fue fruto de una negociación, luego de décadas de atrocidades cometidas por el Congreso Nacional Africano (el grupo de Mandela) y, especialmente, por el Estado”. Algunos pidieron cárcel para los responsables de los crímenes del apartheid, pero Mandela se inclinó por una justicia transicional que permitiera la negociación y la reconciliación.

“¿Por qué entonces para algunos colombianos Mandela es admirable y el acuerdo con las Farc es despreciable, si la fórmula colombiana es mucho más robusta en términos de justicia que la adoptada en Sudáfrica?”, se pregunta, y suena casi brillante. “¿Dónde está la bolita?” En que Rodrigo Uprimny deja de lado la radical diferencia en la naturaleza de los conflictos y en el tiempo histórico de su resolución en Sudáfrica y Colombia.

La diferencia entre la resistencia armada a un régimen de dominación racial de una minoría colonialista y la revolución guerrillera para imponer a sangre y fuego un régimen marxista a la sociedad entera. La naturaleza del conflicto refleja dos tipos de sociedades. La diferencia entre 1994 (Sudáfrica) y 2015 (Colombia), con toda la justicia internacional y la conciencia de la humanidad que se han creado en las dos últimas décadas. Así, ¿cómo esperar comportamientos similares solo porque los dilemas son semejantes para concluir lo que dijo? Esa “bolita” no sobreviviría en la inducción de la sociedad de debate del Rosario.

Y tal vez tampoco esto: “Es claro que los conflictos sudafricano y colombiano son muy distintos y que Colombia no cuenta con ningún líder como Mandela”. Si de verdad se valorara la diferencia, ¿por qué habría de tener Colombia un Mandela? ¿Si no Santos, Timochenko? Por favor.

Por último, el trasfondo intelectual y moral. Unas son las condiciones para la negociación y otras para la reconciliación. Para otra columna.

@DanielMeraV

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