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Respuesta del Icfes no resuelve cuestionamientos técnicos ni gana credibilidad.
Tres investigadores de educación de UniAndes, Andrés Molano, Diana Rodríguez Gómez y Hernando Bayona, escribieron “Subimos, ¿Tanto? Explicaciones para entender los históricos resultados de las pruebas SABER 3ro, 5to y 9no”. La directora del Icfes, Ximena Dueñas, les respondió con “Cómo revelan las pruebas Saber la realidad de la educación del país” (19/abril/2017). ¿Una conclusión? El gobierno se resiste a “abrir la caja negra de los resultados de las pruebas Saber”, prisionero como está de los titulares de prensa rimbombantes que vende.
No me sorprende: el 31/octubre/2015 publiqué aquí “Otra lectura de los resultados de Saber 11. Ministra asegura que “hemos logrado un sacudón a la calidad de la educación”. ¿Sí?”. El Espectador entrevistó a la directora del Icfes y le planteó uno de mis puntos. Ella simplemente repitió una explicación poco plausible y la conversación pública no avanzó.
Esta vez, Molano, Rodríguez y Bayona se preguntan “¿qué hicimos para experimentar un cambio abrupto en los resultados 2015–2016 del sector público en las pruebas Saber?” y proponen la hipótesis del impacto de i) Ser Pilo Paga, ii) el programa de becas para la excelencia docente, iii) Todos a Aprender (PTA), y iv) el Índice Sintético de la Calidad Educativa, ISCE. Muestran que de modo individual ninguno de los cuatro programas explicaría el cambio, y no descartan que de manera conjunta, sí.
Sin embargo, anotan que faltarían evaluaciones rigurosas para usar los resultados de las pruebas en “el diseño e implementación de la política educativa”. Y aunque asumen que los resultados de la prueba son válidos, piden “transparencia en la entrega de los documentos técnicos que garantizan la confiabilidad, validez, y comparabilidad de los resultados a lo largo del tiempo”.
En su respuesta en La Silla Llena, la directora Dueñas no ofrece una explicación del incremento inesperado en los puntajes ni parece muy interesada en probar las hipótesis de los investigadores. Su mensaje de “reiteramos desde el Icfes que los resultados son positivos para el país, hay una mejoría y esto hay que recibirlo con optimismo” no se compadece con las preocupaciones de los expertos.
Si el gobierno estuviera seguro de la realidad educativa que está vendiendo llevaría delegaciones de periodistas e investigadores a Vaupés, Chocó, Turbo y Córdoba para mostrarles cómo “estudiantes de las regiones con resultados más bajos históricamente, obtienen mejores resultados y pasan de Insuficiente a niveles superiores” de un año a otro. En Vaupés, en Lenguaje del grado 5°, el porcentaje de estudiantes en nivel Insuficiente disminuyó de 47 % en 2015 a 27 % en 2016, y el puntaje promedio en Lenguaje de grado 9° subió de 239 a 272 (33 puntos en un año). En honor a esto, la ministra debería irse a despachar desde Mitú una semana.
Y en el componente cuantitativo, ofrecería total transparencia metodológica. Lo cierto es que el gobierno puede hacer que los puntajes suban disminuyendo el grado de dificultad de las preguntas y, sobre todo, modificando parámetros del modelo de calificación. Lo que constituye una tentación para un gobierno ansioso de mostrar resultados en el sector. Debe reconocerse, en todo caso, que el método de establecer de antemano un promedio de referencia y una desviación estándar viene de otro gobierno.
Lamentablemente, la actitud observada no es la de “vengan y les muestro la cocina de las pruebas Saber”. Los investigadores de UniAndes se preguntaban “¿cómo asegurarnos que cuando observemos los resultados del 2017, tengamos más respuestas que preguntas?”. Parece que, como en otros temas, tocará esperar hasta el 2018, con suerte.