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Debate en Congreso de Asociación Colombiana de Representantes Estudiantiles, Acrees.
Acrees comenzó su encuentro nacional este viernes en la Nacional con el panel «El papel de la educación en la política nacional». Jorge Robledo, Angélica Lozano, María José Pizarro, José Daniel López y yo, los panelistas, bajo la moderación del líder estudiantil Alejandro Palacio.
Como país deberíamos ponernos de acuerdo en unas metas en educación y dejar a la política partidista la controversia por el cómo alcanzar esas metas.
Voy a sugerir unas metas de país en educación para el largo plazo.
1) En cobertura neta en preescolar pasar del 54% al 89% de Perú.
El Plan Nacional de Desarrollo, PND, busca pasar en grado transición (5 años) del 55% al 68%, y no trae metas para prejardín (3 años) y jardín (4 años).
2) En cobertura neta en la media pasar de 43% al 82% de Chile.
El PND busca llegar al 50% en 2022. Se dirá qué meta tan corta, pero resulta que es ambiciosa dado el crecimiento anterior.
3) En cobertura bruta de educación terciaria pasar del 53% al 90% de Chile.
El PND se propone llegar a 60%, manteniendo la tendencia.
Como si los nuevos recursos por el paro estudiantil no contaran.
La realidad es que 1) en grados cruciales, la mitad de los niños, adolescentes y jóvenes no recibe educación.
Y 2) de cada 100 niños que entran al sistema escolar solamente 44 se gradúan.
Me les anticipo a algunos: la solución no es el socialismo. Recuerden que los países de referencia son Perú y Chile.
Y los que van no aprenden mucho. Según Pruebas PISA, el 64% de nuestros alumnos tiene puntaje bajo en matemáticas versus el 49% de Chile. Y así en lectura y en ciencias.
Acordemos metas de largo plazo en cobertura, calidad y equidad, con metas intermedias. Nótese que a medida que se avanza hacia la universalización de cobertura, la equidad se vuelve dependiente de la distribución de la calidad. Y la calidad es costosa.
Necesitamos el tipo de política que permite acordar metas compartidas, de país, de largo plazo.
Si seguimos como venimos nos llevará una generación alcanzar las metas atribuibles a “Colombia, la más educada de América Latina en 2025”.
Ya ni recordamos el eslogan de Santos. 2025! Qué mentira.
Sí, salgamos de este crecimiento mediocre, comenzando por salir de la política mediocre que nos impide acordar metas altas.
Ahora, la educación es un medio, no un fin. Educación para qué proyecto de sociedad, y eso influye en el contenido de la educación.
Pero no se puede pedir acordar el proyecto de sociedad a todo el espectro político-ideológico, porque justamente de eso trata la división legítima en la política.
Sin embargo, podemos acordar unos principios rectores para el proyecto de sociedad, que orienten la educación.
¿Cuáles son hoy esos principios rectores? Me parece que no los tenemos, al menos explícitamente.
No debe ser muy difícil acordar que la sociedad colombiana se regirá por los principios de equidad y productividad, independientemente del signo ideológico que esté en el gobierno.
Si hipotéticamente tenemos el qué queremos que nos une, deberíamos saber discutir y llevar el cómo que nos divide.
Adicionalmente, podríamos acordar otra cosa importante: para salir del crecimiento mediocre, del statu quo, necesitamos principalmente reformadores, no administradores del sistema.
No suena tan fácil de acordar previamente esta distinción, pero:
el interés gremial y el interés general no son lo mismo. Pero, pues, mostrar y aceptar eso se ha vuelto muy costoso políticamente. Y justo lo que necesitamos es al revés.
Si adoptáramos las metas grandes en preescolar, media y superior eso nos pondría ante un llamado a la equidad intergeneracional.
Por razones obvias, la educación superior está sobrerrepresentada políticamente, y la educación inicial y preescolar está subrepresentada.
Espontáneamente, el universitario que hace paro no piensa en el niño de 3 años sin prejardín, y esto nos lleva a la cuestión de la financiación.
Hay razones éticas y económicas para darle prioridad a la educación preescolar en el presupuesto, por retornos y por igualdad. Sin embargo, necesitamos un esquema de financiación sostenible para avanzar en los tres o cuatro niveles de educación al tiempo.
Así que para obtener la financiación necesaria deberíamos discutir no solamente una mayor financiación pública, sino: 1) Un componente de financiación concurrente en preescolar, básica y media mediante gratuidad diferenciada.
2) Un componente de financiación intergeneracional en la educación terciaria mediante gratuidad con compromiso de solidaridad.
La financiación pública difícilmente alcanzará para cubrir las necesidades de la educación, y, de hecho, tenemos una oferta privada que enfatiza eso.
Lo que nos lleva a la cuestión de qué tipo de sistema queremos financiar: si uno exclusivamente estatal o uno mixto, o sea estatal y privado.
Naturalmente, tenemos un problema ideológico para reconocer igual legitimidad a la oferta de educación privada. La diferencia de trato debe darse por calidad y si hay ánimo de lucro o no, fundamentalmente, y no por el origen de la oferta.
Hay que definir la naturaleza y la estructura del sistema. Lo que tenemos no sirve mucho para impulsarnos como país.
Una vez discutamos la financiación integralmente y la naturaleza y estructura del sistema, deberíamos hablar de la reforma institucional. Porque el problema no es solo financiación.
¿Tal cual están bien estas instituciones de la educación para las metas de largo plazo del país? La respuesta es no.
Pero para qué reformar el marco legal si no tenemos claridad de los fundamentos.
Si el país educativo diera la discusión de los fundamentos con miras a una reforma estructural, y se adoptaran definiciones, en cualquier caso, no se podrían imponer las reformas.
Habría que negociar: un toma y dame en un difícil equilibrio. Toma reformas proequidad, dame reformas proeficiencia.
Toma una política de vivienda estudiantil operada por instituciones sin fines de lucro, dame indicadores de gestión y resultados atados a las transferencias de la nación, por ejemplo.
Por supuesto, si el Estado no recupera la gobernabilidad del sector y no hay una política educativa de Estado básica estaremos botando corriente nada más.