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El ministro ha logrado traducir la idea de Macron y ponerle su sello.
Blanquer es rara avis: un reformador que viene de adentro del sector. Fue jefe de gabinete del ministro de Educación y director general de la Enseñanza Escolar en la década anterior, y en esta dirigía la Escuela Superior de las Ciencias Económicas y Comerciales cuando en mayo de 2017 el presidente Macron lo nombró.
Emmanuel Macron tiene una “cierta idea de Francia”, es evidente, en casa y en el mundo: una recuperación de lo que hizo grande a la nación y la solución hacia el futuro de lo que causa malestar y declive en la sociedad francesa.
Blanquer ha sido el hombre para llevar esa “cierta idea de Francia” a la educación, donde se juega su suerte. La primera virtud o cualidad del ministro es el valor civil para controvertir las ideas intelectuales dominantes en el sector. Sin este debate no hay cambio y poca diferencia hace tener mayorías en el Congreso.
En Francia, la ciencia de la educación derivó en sofisticación pedagógica y bajo aprendizaje estudiantil, mientras la neurociencia mundial identificaba los mecanismos para alcanzar el progreso de los alumnos. 40 años de demeritar el esfuerzo en las aulas que tuvieron su colmo con la idea del sorteo para ingresar a la universidad, propuesta por su antecesora socialista en el cargo.
El ministro Blanquer decidió poner en práctica los resultados de la investigación científica, con un mensaje que los franceses entendieron: “La primaria debe enseñar a leer, escribir, sumar, restar, multiplicar y… respetar al otro y al maestro”. Si la escuela no logra esto para las distintas clases sociales, el sistema está fallando.
La neurociencia, no tan sorprendentemente, muestra que la vieja escuela no estaba equivocada con el dictado diario y la memorización —incluidas las tablas de multiplicación—, por ejemplo. Así como sabemos, por “neuropedagogía popular”, que los adolescentes no deben ir a clases a jugar con el celular, razón por la cual se restringió su uso en las aulas oficiales en Francia (en Colombia el proyecto de ley no avanza del segundo debate).
La autoridad del docente por su saber —rebajado a “facilitador” por el pedagogismo—; el buen comportamiento de los alumnos; la exhibición en las aulas de las banderas francesa y europea, el lema “Libertad, igualdad, fraternidad” y el texto del himno nacional, y el servicio cívico nacional a partir de los 16 años se complementan en la “cierta idea de Francia”.
No se trata de “disciplinar” la sociedad, sino de construir las bases comunes de la cultura, la civilización y la convivencia. (En campaña, Duque propuso Cívica y Urbanidad, y se le burlaron conspicuos voceros del sector). En la visión de Macron y Blanquer, “liberar las energías” y la imaginación de los franceses desde la escuela pasa por el aprendizaje de idiomas, latín y griego, artes, práctica del deporte, apropiación tecnológica y desarrollo de la conciencia de “transición ecológica” de la humanidad, siempre sobre la base de saber leer, escribir, contar y respetar.
Además de retomar el papel de la educación en la cultura, el gobierno francés está reformando la educación para que contribuya claramente a la igualdad de oportunidades desde la primera infancia, la etapa crucial. Blanquer piensa que “muchas cosas contraproducentes se han emprendido en nombre de la igualdad”, pero está asegurándose de que la educación enfrente “las desigualdades de destino” (Macron).
Estableció la escolarización obligatoria a los tres años (con visita médica a la escuela) y en zonas desfavorecidas, clases de 12 alumnos en primero y segundo de primaria. 300.000 niños han mejorado su aprendizaje por esta medida de desdoblar los cursos. Y para buscar el éxito de todos, instauró evaluaciones nacionales en primero y segundo de primaria (en Colombia tenemos prueba Saber en tercer grado).
La “Ley para una escuela de la confianza” del ministro elevó la formación obligatoria de los 16 a los 18 años a partir de 2020, lo que pone en primera línea la reforma del bachillerato, que avanza y se completará en 2021. (Aquí la educación media, grados 10° y 11°, es la gran olvidada y la gran productora de frustración social entre la juventud).
El ministro Blanquer ya no es el más popular del gabinete de Macron y ha enfrentado huelgas —no tan dramáticas—, pero ha hecho la tarea reformista. Inició poco dado a la negociación y este año ha usado más la consulta a los sindicatos y gremios. Afortunadamente, encontró tiempo para visitar nuestro país este fin de semana. Todavía no está a la venta su libro sobre Colombia en la popular serie “Qué sé yo”, pero hay que darle las gracias de antemano.