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Si Claudia López ya no comparte la visión de igualdad en la ciudad de Peñalosa, está bien. Pero revisemos el alcance de sus palabras.
Una campaña con altura sería combatir la imaginación de Enrique Peñalosa. El tipo busca el poder para retomar una transformación de Bogotá que está en su cabeza y lleva años explicando y madurando. Quiere intervenir el paisaje (y hasta reinventar el río Bogotá), redefinir la calidad de vida, modificar hábitos familiares y comunitarios, construir igualdad a través del urbanismo y la gerencia de la gran ciudad.
Se trata de un proyecto político grande que requiere continuidad en varios períodos de gobierno. Si gana Peñalosa, esta versión de la modernidad tendría una oportunidad. Así que es legítimo y necesario oponerle una imaginación distinta. Asumamos que los dogmas de la izquierda que representa Clara López dan para eso. Ahí hay una disputa ideológica.
Pero cuál es la nueva visión de modernidad urbana que sedujo a Claudia. El proyecto político “para las próximas generaciones”, que -de paso- la reclame al frente en un futuro. Los términos que está usando sugieren que tal sueño no existe y que estamos ante una voltereta de nivel medio.
Cualquier alcalde competente, como Pardo o Peñalosa, “captura a los ladrones” y mejora la seguridad. El compromiso con esa prioridad no hace la diferencia. Es la forma de intervenir en las comunidades y las instituciones para prevenir el crimen. Tomemos la atención a la primera infancia y el embarazo adolescente. ¿El slogan de «no polarizar» es una promesa de dejar así las instituciones encargadas?
La polarización de Petro se debió a su desprecio por las leyes y a su populismo. No es el caso de Peñalosa. Lo contraproducente y grave es dejar impedido al próximo alcalde para escoger sus batallas porque no puede ‘pelear’. ¿A qué proyecto de cambio serio le sirve un alcalde ‘eunuco’? ¿“Sin exclusiones” quiere decir gobernar sin tocar los feudos de la coalición del Polo?
Las cosas en Bogotá no están como para un alcalde que quiera complacer a todos. Y llamar de antemano “revancha” a probables medidas correctivas es una curiosa forma de maniatarse.
Si no es el proyecto de ciudad para varias alcaldías, ¿es la persona? A Pardo le dijeron “el apoyo es por usted y no por sus partidos”. Y a Peñalosa lo ‘matonean’ (para usar su nueva palabra favorita) por el respaldo de Cambio Radical. Doble rasero. Pero todos sabemos que Pardo gobernaría más con los políticos y Peñalosa más con los técnicos. Y que Peñalosa ya le vendió el alma a su proyecto, como para vendérsela a Vargas Lleras, que poco de reforma urbana con las casas gratis.
Lo de gobernar Bogotá sin “pavimentar candidaturas presidenciales” en realidad significa “preferimos que gane Clara para que pavimente la de Petro a que gane Peñalosa y Vargas Lleras pueda sacar pecho”, como también podría hacerlo Marta Lucía Ramírez. En últimas, no están pensando en Bogotá, sino en la disputa presidencial de 2018, frente a la cual Pardo también se comprometió a no molestar a nadie.