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Plan de Desarrollo, 2019 y 2032

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¿TIENE COLOMBIA UNAS METAS DE largo plazo que convoquen “la pasión” de la mayoría? Sí y no.

Sí tiene unas metas, que no han sido debidamente institucionalizadas y que no “apasionan”. La explicación central es que no hemos consolidado una narrativa de para dónde vamos. Esto se puede ver en las Bases del Plan “Prosperidad para todos, 2010-2014”: en su presentación, no es explícitamente tributario de la Visión Colombia 2019 y tampoco menciona la Visión 2032, cuya meta es ser un país de ingresos medios altos (Conpes 3527 de 2008). De hecho, en la “incorporación del enfoque regional en la planificación del país”, el largo plazo es definido como “más de cuatro años”.

Para la narrativa, que es el lenguaje que aprenden los ciudadanos e influye sobre su comportamiento cívico, no basta que en la tabla de indicadores de seguimiento del Plan, páginas 579 a 581, haya una columna para 2019 y otra para 2032, por ejemplo. Lo que importa es lo que dice en la primera página y repiten las autoridades. “Estamos frente a un optimismo auténtico en nuestro futuro, una confianza incomparable en las potencialidades del país y una imagen en el exterior que es claramente positiva (…) un momento especial de nuestra historia que no podemos desaprovechar (…) Una circunstancia que nos permite soñar con dar ese gran salto que nos dé la entrada al selecto club de los países desarrollados”. ¿Sigue acaso, en esta elocuencia, una referencia a las visiones de 2019 y 2032? No.

En vez de usar la elocuencia predecesora, la de los “ideales éticos que deben guiar la propuesta de país hacia la conmemoración de los dos siglos de vida política independiente”, que son los mismos ideales (2 principios, 4 grandes objetivos) de “Prosperidad para todos”, no escapa al adanismo de creer que las bases y la “hoja de ruta” del sueño colombiano ahora sí se están diseñando. Eso de llamar “otros ejercicios de planificación” a la Visión 2019 y a la Política Nacional de Competitividad (pág. 579), habría que cambiarlo por un reconocimiento justo a lo que esos ejercicios significan: “El mapa y la brújula”, para mejorar con entusiasmo y generosidad. José Leibovich, entonces subdirector del DNP y ahora co-coordinador del Plan del gobierno Santos, puede darle fe a Guillermo Perry de que la Visión 2019 no cae en la connotación de los “tres huevitos de Uribe”.

Se eligió como horizonte 2032 (y será el bicentenario del Estado actual, sin Venezuela y Ecuador, y del regreso de Santander del exilio), porque el país demoraría 25 años, a partir de 2007, con un crecimiento anual per cápita del 6% o más, para tener ingresos como de Corea del Sur, aunque eso no dice, necesariamente, qué país seríamos, de lo que sí se ocupa, comprensivamente, 2019. Ahora, para institucionalizar las metas de largo plazo, no basta la continuidad en la narrativa; habría que ponerlo con todas las letras en la ley del plan y fomentar un aparato técnico descentralizado, con fondos mixtos, de promoción social y seguimiento. Ya el “apasionar” al “pueblo”, a la juventud y a los partidos, es más una tarea del Presidente y del liderazgo político.

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