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Hay que negociar con el No y renegociar con las Farc.
El presidente Santos no está liderando a la sociedad colombiana en esta delicada encrucijada política. Luce arrogante y astuto con los del No, y timorato con las Farc. Es como si hubiera renunciado a interpretar a todos los colombianos y fuera cierto aquello que se dijo en los últimos días de la negociación en La Habana: que gobierno y Farc ya no eran contrapartes, sino aliados.
Se entiende que gobierno y Farc tengan un interés común en finalizar de determinado modo el proceso, pero no en la totalidad de los contenidos del Acuerdo Final. Con el resultado del plebiscito, el gobierno tiene el deber ético y político de reconstituirse en contraparte de las Farc para representar la voz de la mayoría de votantes.
El presidente para liderar a la sociedad necesita decir cuáles son los cambios que el gobierno renegociará con las Farc. El mensaje implícito que ha transmitido es que si por él fuera, volvería a firmar el mismo acuerdo ya. No necesitaba que los voceros del No presentaran documentos para establecer las líneas gruesas del pacto político nacional recogiendo el No, como líder del país.
Pero el presidente no se plantea negociar con la oposición y no quiere renegociar con las Farc. Está en modo negación del triunfo del No, como esperando el milagro de que los colombianos amanezcamos sin recordar lo que la Corte Constitucional dijo sobre el alcance del plebiscito. Y sigue equiparando la paz a un acuerdo específico que no fue refrendado.
«Tráigannos sus propuestas que nosotros vemos cuáles tienen chance de ser discutidas con las Farc»: esa es la metodología y la postura política del gobierno. Se sabe que no había plan B (y este será caso de texto en Harvard, como le gusta al presidente), pero a estas alturas no haber hablado de unas reglas de juego con la oposición, como sí lo hicieron con las Farc al inicio, es prueba de que el gobierno no toma en serio llegar a un acuerdo con el No.
De pronto el presidente cree de verdad que recibir gente importante que le diga cosas que quiere oír es el tipo de «diálogo nacional» que nos sacará de esta encrucijada. Con los estudiantes prefirió no corregir a los «muchos» que le manifestaron que los «acuerdos están vigentes». Un hombre de Estado, un profesor, les habría explicado por qué es un error creer eso, pero un político sale en televisión a repetir el error porque le conviene (en el corto plazo).
El presidente se ha dedicado a hacer política en el post-plebiscito, en lugar de hacer historia grande con cada gesto de liderazgo de toda la sociedad. Ha estado jugando a que diluye el No, a que un presidente Nobel de la paz puede más, a que los riesgos del limbo operarán en su favor. Necesita que alguien le chasquee los dedos y lo devuelva a la realidad completa.
No será tan sencillo como comunicarle al medio país del No que «las Farc mandan decir que esas propuestas están imposibles». Lo que se esperaría del presidente es que haga un pacto con los del No (sobre procedimientos y contenidos) y viaje a La Habana, que el momento lo amerita, para marcar una renegociación con otras reglas de juego (sumando plenipotenciarios del No). Ya no «nada está acordado hasta que todo esté acordado», pues hay implementaciones urgentes o en desarrollo de cese de la violencia y el crimen.
Un ‘¡Acuerdo Ya! ‘ en un tiempo razonable requiere un método de negociación de concesiones recíprocas, que evite repetir discusiones. Después de cuatro años de debate público en Colombia y de negociaciones en La Habana no hay mucho margen para la persuasión. Primero concesiones recíprocas entre el Sí y el No para llegar unificados como sociedad a la fase final en La Habana. Si el presidente entiende esto no debería solazarse con las marchas de ‘¡Acuerdo Ya! ‘, sino hacer pedagogía seria y orientar esa energía ciudadana valiosa hacia tareas concretas del posconflicto.
El presidente Santos todavía puede asumir el liderazgo de nación que se necesita. Y una señal con la que comenzaría bien es aceptar que habríamos ido demasiado lejos dándole carácter constitucional al Acuerdo Final y con el Acto Legislativo 1 de 2016. Tal acto de contrición, así sea de labios para afuera, ayudaría a la reconciliación con él. @DanielMeraV