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Una película producida en California parodiando a Mahoma —vulgar, ignorante, mediocre— llevó a que turbas violentas atacaran las embajadas de EE.UU. y otros países occidentales en varios países musulmanes. Un caso típico de fanatismo respondido con la misma moneda.
Una sección radial de Los 40 Principales* —vulgar, ignorante, mediocre— invitando a los oyentes a que se burlaran de tendencias afeminadas de conocidos y amigos, “en el colegio o la oficina”, generó protestas y la solicitud de una investigación penal.
El video La inocencia de los musulmanes pinta a Mahoma, el profeta de los musulmanes, como un pedófilo, ladrón y asesino. La intención de la película era abiertamente difamatoria. Luego de tibias medidas para rechazar los ataques contra la embajada de EE.UU. en El Cairo, el nuevo presidente, Mohamed Mursi, elegido luego de la Primavera Árabe, le pidió a EE.UU. que castigara a sus creadores. En respuesta, además de calificar a la cinta de “asquerosa y reprehensible”, Hillary Clinton agregó que ninguna acción legal podía ser tomada contra ellos, pues hacía parte del derecho a la libertad de expresión en su país.
Ay marikita, como era llamada la ya extinta pastilla de burla barata por la cual la emisora se disculpó luego de la lluvia de justificadas protestas, podría, si la investigación prospera, generar una de las primeras condenas de la nueva ley antidiscriminación. El tiempo estipulado de cárcel es de 1 a 3 años, que se agravaría pues la burla salió al aire a través de un medio masivo de comunicación. En un país donde se ha defendido con tanta vehemencia la libertad de expresión, sería muy grave que el loable objetivo de evitar la discriminación contra minorías sexuales y étnicas se convierta en una mordaza, incluso de las burlas inaceptables.
“El que promueva o instigue actos, conductas o comportamientos constitutivos de hostigamiento”, dice la nueva ley, “orientados a causarle daño físico o moral a una persona… comunidad…, por razón de su raza, etnia, religión, nacionalidad, ideología política o filosófica, sexo u orientación sexual incurrirá en prisión…”. Aquí cabe lo que sea. Quedarían prohibidos, so pena de cárcel, todos los chistes, burlas y comentarios, orales, tuiteados, escritos, que puedan herir la susceptibilidad “moral” de cualquiera.
Como el mismo caso de Ay marikita (o el del “bollo perfumado”, para nombrar otro) parece mostrar, hoy el discurso público en Colombia tiene herramientas para censurar lo que se considera discriminatorio, sin acudir a la ley penal.
El caso de La inocencia de los musulmanes es como un espejo en el que vale la pena mirarse. No en busca de los padres fundadores gringos, sino para asustarse por lo cerca que estamos de condenar la discriminación como en algunos países musulmanes condenan la blasfemia.
@danielpacheco
Yo trabajo para Caracol Radio, la misma empresa dueña de Los 40 Principales. /