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Bruto o fariano

Daniel Pacheco
04 de julio de 2016 – 09:00 p. m.

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“Daniel, si usted leyó los acuerdos y le parecieron buenos, o no los entendió o es partidario de las Farc”, me tuiteó un conocido uribista. No era un energúmeno anónimo de los que abundan en redes sociales. No. Era Saúl Hernández, el columnista de El Tiempo.

Primero tuve pena por él. Su lógica tan básica eliminaba el espacio para pensar o debatir, y eso no le va bien a quien se dedica a escribir, para lo que supone uno hay que pensar primero con el espíritu de generar algún debate.

Luego tuve algo de indignación. Saúl me puso a escoger entre ser bruto o fariano. Una disyuntiva difícil, sobre todo propuesta por alguien que yo asumía pensaba que los farianos eran todos brutos.

Después empezaron los retuiteos al comentario de Saúl, y ahí tuve miedo. 46 veces replicado y 16 veces gustado. Una disyuntiva tan básica, carente de toda sofisticación, llena de mala leche y demagogia era celebrada por una cantidad de gente. Ya quisiera yo que mis trinos fueran tan populares.

Tuve la tentación de pensar que su popularidad se debía a que lo confunden con Salud Hernández, su casi homónima y más célebre derechista. Pero esa idea era solo un divertimento, que no lograba explicar el fondo de cómo una afirmación tan temeraria y carente de argumento podía recibir tanto aplauso, más allá de quién la hubiera proferido.

Entonces, ojeando sus columnas, creo haber entendido en parte de dónde viene la salsa mágica de esta campaña uribista en contra de los acuerdos. Surge de una evaluación descarnada de la salud de nuestra democracia: “El voto se ha vuelto volátil, mudable, y la fidelidad del elector a un partido, o a un caudillo, es cosa del pasado; la gente anhela el cambio aunque se trate de un salto al vacío”.

Para Hernández este anhelo de cambio que puede llevar a saltos al vacío genera el riesgo de que una vez las Farc entren a hacer política logren, a través de propuestas populistas, llegar al poder. Es el camino al mentado “castrochavismo”.

En consecuencia, los uribistas, con este diagnóstico alcanzado, se han lanzando a hacer uso de toda clase de simplificaciones, mentiras, miedos y fáciles disyuntivas de derecha (bruto o fariano), para contrarrestar los que en un futuro temen pueda ser una campaña de simplificaciones, mentiras, miedos, y fáciles disyuntivas de las Farc.

Ante esto uno puede tomar altura moral y decir que la democracia saludable se basa en el contraste de ideas, argumentos y hechos, y que los uribistas están cayendo en lo mismo que critican del supuesto “castrochavismo”. Y es cierto.

Pero al final, si el “No” sigue cogiendo fuerza, tal vez la disyuntiva a la que nos enfrentemos no será si valen o no la pena los acuerdos con las Farc, sino si en efecto decidimos que hay que sacar las baterías de mentiras, miedos y buses para ganar el plebiscito. En ese escenario, no importa quien gane, todos nos habremos derrotado, porque con o sin conflicto todo va a seguir igual.

@danielpacheco

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