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El 24 de agosto del 2016, cuando las Farc y el Gobierno estaban cerrando las conversaciones de paz, el presidente Santos dio un discurso buscando ensalzar con el lenguaje lo que le vendría al futuro del país. Atinó entonces con una inspiradora frase —muy a su manera de inspirar— que los colombianos podríamos decirle al mundo entero: “que Colombia es un país normal”.
Y más allá de todo lo que vino después (plebiscito, renegociación, re-refrendación), ahora Colombia está en camino a ser un país normal. El proceso está en plena implementación, con las Farc ya concentradas parcialmente en las distintas zonas y camino al desarme. Pero la nueva normalidad no parece ser lo que estaban esperando las élites del poder.
Ni siquiera las imágenes de la llamada “última marcha” de la guerrilla más vieja e importante de nuestra larga historia de guerrillas han logrado arrebatar la atención de la gente de los temas de corrupción. Ni siquiera la indignación porque la guerrilla no devuelve los niños ha logrado mantener el nivel de intensidad que hoy gira alrededor del caso Odebrecht. Hablando del proceso, el mismo Humberto de la Calle declara en su entrevista en El Tiempo su nostalgia: “Me entristece a veces que los colombianos no se percaten de lo que está ocurriendo en este momento”.
La tristeza de De la Calle es entendible. Su candidatura presidencial sin la paz como principal tema de preocupación de la gente pierde toda posibilidad de prosperar. Una tristeza similar parecen estar padeciendo en el Centro Democrático. Tristeza que intentan paliar, y que De la Calle está feliz de comentar, con anuncios como el del senador José Obdulio Gaviria, que amenaza con renegociar el acuerdo si su partido llega a la Casa de Nariño en el 2018.
En esta nueva normalidad, con los dividendos políticos de la paz tomando a todos por sorpresa, hay caos y realineamiento. Aquí va una lista de los que pierden en este proceso de conmoción que abre varios espacios en un país anormal como lo era Colombia.
Pierden: Juan Manuel Santos y su partido de la U por vía doble. Además de la indiferencia alrededor de su mayor logro, el proceso de paz, los cuestionamientos por dineros de Odebrecht en su campaña espesan con corrupción el manto de desconfianza sobre su figura y su partido.
Pierden: Álvaro Uribe y el Centro Democrático, por vía doble también. Sin el “No” como motor de indignación, sin las Farc para satanizar, su discurso pierde relevancia. Al mismo tiempo, está también salpicado por las contribuciones de Odebrecht a la campaña de Zuluaga, y la lista de corruptos uribistas es larga y sustanciosa.
Pierden: Vargas Lleras y Cambio Radical. Auque su apoyo al proceso con las Farc fue tenue, los casos de políticos corruptos avalados por su partido son escandalosos. Además le cae encima el manto de duda del gobierno Santos.
Pierden: Liberales y Conservadores, y el Polo de Clara López. Nada más tradicional que la corrupción en una coalición de gobierno, y sin la paz unos y otros se quedaron sin discurso.
Pierden: El Eln y el proceso de que apenas arranca. La guerrilla, que quiere participación, encuentra indiferencia, incluso ante sus atentados y secuestros.
Pierden todos los que hace unos meses parecían mejor enrumbados para controlar el poder en el futuro, porque a veces la normalidad es extraordinaria.