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Los retos por delante son tan grandes que no parece haber un momento para dimensionar lo que se logró en La Habana.
Tuvo que pasar más tiempo del que uno ha vivido para lograr un acuerdo sobre un tema sustancial entre el Gobierno y las Farc.
Toma cuerpo, literalmente ahora, la idea de que estamos ante la oportunidad de una generación. Única, irrepetible, al alcance de la mano. Pero en la etapa que sigue (participación política de las Farc) será más difícil encerrar en la mesa la discusión, esperando a que después todo lo acordado someta a una refrendación. Será imposible mantener separadas las etapas del “proceso metodológico” y la “transición” para utilizar el lenguaje de los negociadores.
Tal vez lo anticipa Humberto de la Calle, al pedir apoyo al proceso luego de este primer acuerdo. Hay entonces que pasar del optimismo observante, al activismo moderado. Que reconozca que apoyar este proceso implica ya intentar cambiar mentes y preparar corazones, pero que entienda que es apenas un comienzo promisorio.
Dicen que el primero, el de tierras, era el punto más difícil de la agenda con la guerrilla. El diagnóstico histórico del origen del conflicto armado pone ahí el punto de inicio. Haber logrado un acuerdo, así falten puntos aún por cerrar, parece indicar que los negociadores del Gobierno y la guerrilla lograron doblar una esquina en el proceso, cara a cara, que avanza en Cuba.
Pero el tema de tierras contaba, incluso según ese diagnóstico, con la ventaja del olvido de la mayoría de colombianos, sobre todo de la masa política crítica que vive en las ciudades. En cambio los puntos que ahora vienen, sobre todo los de participación política y víctimas (que a pesar de estar separados en el orden de discusión, están atados lógicamente) tocarán nervios sensibles para los ciudadanos comunes y corrientes.
Son precisamente esos puntos los que ya han identificado los opositores a los diálogos. Por eso en su arremetida destructiva contra el proceso la imagen preferida de los uribistas es la de Timochenko en el Congreso, sin haber pagado un día de cárcel.
En el discurso ordenado de los negociadores esta imagen está presente como un obstáculo a enfrentar al final, en lo que han llamado la refrendación. Si bien su labor exige que primero haya un acuerdo completo en Cuba, “para entrar a una nueva fase… que en realidad es la transición”, como dice Jaramillo, lo que sigue será imposible de contener entre generalidades de una línea, como sucedió con los acuerdos de tierras.
La transición puede arrancar ya; entre los disparos y las incertidumbres, habrá que allanar un ambiente para recibir los acuerdos que siguen, preparar las gargantas para los sapos que habrá que tragar e ilusionarse así sea por algo que sabemos que es posible que pueda fracasar. Colombia tiene todo por ganar.