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— SEGÚN LOS ARGUMENTOS ANTEriores, la lucha armada se justifica a partir de condiciones históricas objetivas —El profesor mira a sus alumnos, toma un respiro y añade—, ¿alguna pregunta?
— Profe, ¿y usted cree que esas condiciones están dadas en Colombia?, —pregunta un estudiante de la primera fila.
— A ver, cuando la mitad de los colombianos son pobres, cuando gobierna un régimen ilegítimo que llegó al poder por sus alianzas con el paramilitarismo, cuando las Fuerzas Armadas matan y desaparecen a los que disienten: dígame usted si existen las condiciones objetivas.
— Usted nos está adoctrinando, ¿o qué? —Reclama alguien desde el fondo del salón. Estallan rumores.
— Si me permite —dice el profesor con calma—, le respondo con otra pregunta. ¿Usted se considera de mente débil?
— Pues no, yo no —responde la estudiante un poco desconcertada—. Porque no me convence lo que usted dice. Aunque no hablo por los demás.
— O sea que si alguien sí se convence de mis ideas, entonces es de mente débil.
— Pues…
— Entonces los libres de mente son los que se convencen de las ideas con las cuales usted está de acuerdo, y los que disentimos somos una masa proclive al engaño doctrinario.
— Ehh… no, claro que no —y añade con indignación—, pero usted acaba de decir, básicamente, que las Farc son un ejército legítimo.
— Exacto. Es más, le diría incluso que, a partir de mis estudios sobre la realidad colombiana, pienso que son un ejército beligerante. ¿O no está de acuerdo?
— No, por supuesto que no. Creo que son un movimiento terrorista.
— Muy bien, usted es libre de pensar lo que quiera, ahora argumente.
La estudiante piensa un momento. —Primero, por sus métodos. No hay justicia social que justifique matar. Segundo, porque luchan contra un gobierno democrático. Tercero… —el profesor la interrumpe.
— Si ve, ahora podríamos tener un debate académico. Contrastaríamos nuestras premisas, propondríamos métodos para determinar si, por ejemplo, el gobierno es legítimo o no. ¿Le parece aún que la adoctrino?
— Pero cómo es posible tener un debate académico si usted defiende ideas criminales.
— Yo no creo que en la academia haya ideas criminales, pero eso lo podemos discutir. En el campo jurídico, donde el crimen no se discute sino que se juzga, yo puedo echar vivas al compañero Marulanda, pero en tanto no participe en la organización mi posición es legal.
— ¿Y no le parece contradictorio estar aquí dando lata y no en la guerrilla echando plomo?
— Tal vez como persona sí encierro una cierta contradicción. Sin embargo, en la universidad yo defiendo unas ideas coherentes entre sí. De premisas y teorías llego a conclusiones. Puede leer mis libros. En mi vida, la escala de valores es distinta, se inclina más por recibir un sueldo del Estado, criticarlo, pagarle impuestos y dormir cómodo en mi cama.
— O sea que para usted la universidad es un espacio sin límites para las discusiones.
— Pues, al menos la pública sí. Pero sobre ese tema también podemos dar lata, si quiere.