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El mito de Sísifo Naranjo y la seguridad democrática

Daniel Pacheco
19 de mayo de 2008 – 09:46 p. m.

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CADA VEZ QUE VEO AL COMANDANTE de la Policía Nacional, general Óscar Naranjo, anunciar un nuevo éxito en la lucha contra las drogas, me da la impresión de que es igualito a Sísifo.

A pesar de su visible satisfacción frente a las cámaras, pienso que el general Naranjo, en la privacidad de su conciencia, debe sentir que su vida transcurre en medio de una tragedia griega. Porque Naranjo y Sísifo son ambos personajes de mitos absurdos.

Como castigo por encadenar a la muerte, Sísifo fue condenado por los dioses griegos a rodar una pesada piedra hasta lo más alto de una colina. Una vez en la cima, debía soltar la piedra y verla caer cuesta abajo hasta el punto de donde había partido, bajar la colina y volver a empezar. Día tras día, por toda la eternidad.

El general Naranjo, a quien admiro y respeto por su labor valerosa y eficiente, ha sido el comandante de la Policía más destacado en mucho tiempo. Hace años se lo ha visto como protagonista de los grandes golpes al narcotráfico, desde cuando era director de la Dijín, hasta hoy como comandante. Seguramente vivió el mejor momento de su carrera el 1° de marzo anunciando la muerte de Raúl Reyes. Pero como los de Sísifo, sus momentos en la cima terminan pronto y debe volver a comenzar.

Si su extenuante labor se lo permitiera, y el general Naranjo pudiera emplearse en especulaciones de este tipo, tal vez argumentaría que la piedra que él carga es cada vez más liviana. A diferencia de Sísifo, quien carece de esperanza, llegará un momento cuando él no tenga que volver a bajar la colina.

Y daría evidencia dura para demostrarlo: una lista de bajas y extradiciones de los capos más ‘pesados’, desde Escobar hasta la cúpula de las Auc. “La lección fundamental”, como dijo en una entrevista reciente, a propósito del golpe a los ‘Mellizos’, “es que por poderoso que sea un narcotraficante, nunca podrá someter a las fuerzas del Estado”.

Sin embargo, me imagino a Sísifo pensando exactamente igual al general Naranjo: “Por pesada que sea, esta piedra nunca podrá someterme”. Si Sísifo pensara de otra manera (por ejemplo: “Por fuerte que sea yo, nunca podré someter a esta piedra), tal vez intentaría ponerse frente a la roca en su camino cuesta abajo para acabar con su tortuosa existencia.

Pero tal vez no, si seguimos la lectura de Albert Camus. En su libro El mito de Sísifo, ensayo sobre el absurdo, Camus dice:  “Si este mito es trágico, lo es porque su protagonista tiene conciencia. ¿En qué consistiría su castigo si a cada paso le sostuviera la esperanza de conseguir su propósito?”.

Es decir, que tanto Sísifo como Naranjo, más allá de lo que públicamente se vea proyectado, tienen conciencia del desgaste de sus fuerzas en una tarea absurda e interminable. Naranjo incluso deja que se le escape cuando dice “…la tragedia del narcotráfico uno no se la desea a nadie”.

Es desgarrador ver el esfuerzo de un excelente policía convertido en una tragedia absurda, porque finalmente, Naranjo no tiene otra opción que seguir adelante con la seguridad democrática, y su “lucha contra las drogas”. Él, como Sísifo, está obligado a seguir órdenes. Pero es más triste aún ver a Colombia enfrascada en “la lucha contra las drogas”, porque a diferencia de Sísifo y Naranjo, nosotros como nación soberana y libre sí tenemos opciones. ¿Vamos a seguir eligiendo una política de seguridad que es un mito absurdo?

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