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El estomago de los colombianos – nos se viene preparando, con resultados distintos, para digerir la entrada de miembros de las Farc a la política sin haber pasado por la cárcel.
Pero luego del debate entre el procurador y el fiscal, quedó anunciado otro “sapo” en el menú que debería estar servido y listo antes de las elecciones de 2014. Por eso, más allá de la controversia jurídica de los siglos, es cada vez más urgente preguntarse ¿cuánto estamos dispuestos a tragar todos, de lado y lado, para acabar con la lucha política armada en Colombia?
El otro batracio sería perdonar los falsos positivos. Según dijo Ordóñez en el Externado, los falsos positivos son también crímenes de guerra, y al estar asociados al conflicto armado quedarían también incluidos en el proceso de justicia transicional que se aplique a las Fuerzas Armadas.
Una salida “rara”, como dijo Marta Ruiz.
El procurador incluyó los falsos positivos entre los crímenes de guerra asegurando que un proceso de justicia transicional a la medida que él propone garantizaría que ni los militares ni las Farc estarían exentos de pagar algún tipo de pena. Pero si de La Habana el Gobierno vuelve con un acuerdo con la guerrilla que les promete libertad a cambio de dejar las armas (como todo indica que sucederá), la lógica del “ni unos, ni los otros” de Ordóñez nos dejaría ante la posibilidad de incluir los falsos positivos en el paquete de perdón a los militares.
Este escenario está apenas dibujándose. A pesar de las airadas objeciones a la idea que han hecho el senador Roy Barreras y el fiscal, el Gobierno ha dejado en claro que aún no está decidido cuál será el contenido de la ley estatutaria que defina qué cabe dentro del Marco Jurídico para la Paz. El presidente mismo sugiere que también está pensando bajo la lógica de “ni unos, ni los otros”. Desde la Escuela Superior de guerra Santos afirmó que “No va a haber esa situación de que nuestros soldados van a ir a la cárcel por cuestiones que tienen que ver con el conflicto y vamos a ver a unos guerrilleros libres por hechos que tienen que ver con el mismo conflicto”.
La pregunta obvia, si los falsos positivos califican o no como crímenes de guerra, podría terminar siendo la menos decisiva. Tal vez es más importante preguntar qué tan necesario será incluir los falsos positivos en el ajedrez posterior a un acuerdo con las Farc.
Cuando le llegue el momento al Gobierno de negociar en Colombia lo que pactó en La Habana —que pinta ya como la etapa más difícil—, el sapo que engendró el procurador podría ser crucial para contrarrestar el reflujo ácido que la sola posibilidad de tener a Iván Márquez en el Congreso ya causa en los uribistas, el procurador, los ganaderos y los miles de víctimas de la guerrilla.
Por otro lado, quienes apoyamos el proceso haríamos bien en anticipar que no será la derecha colombiana la única que tendrá que tragarse sapos de importante talla, si es que queremos lograr la paz.
@danielpacheco