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Goyira

Daniel Pacheco
21 de marzo de 2011 – 10:00 p. m.

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LA TIERRA TIEMBLA Y LIBERA A UN monstruo del mar que destruye ciudades enteras del Japón con su aliento radiactivo.


En 1954, el director de cine japonés Ishiro Honda creó al gigante “Goyira”. Su película, rehecha en inglés dos años después, sería el punto de origen del símbolo más importante de Japón en la cultura popular después de la Segunda Guerra Mundial.


Por eso, y a pesar de la seriedad de la tragedia, es difícil pasar por alto la ironía en los eventos desencadenados por el terremoto del 11 de marzo. Hace dos semanas cualquier persona que oyera “Japón, destrucción y nuclear” juntos habría pensado en una lagartija radiactiva pisando carros e incendiando edificios.


En su versión original Goyira es una metáfora tan burda de las bombas atómicas que Estados Unidos soltó sobre Hiroshima y Nagasaki que, en las palabras de Terrence Rafferty, un conocido crítico de cine estadounidense, “hay que ser muy bruto para no captar el punto”. Tal vez sólo gracias a las cientos de horas de video del terremoto y del tsunami grabadas por ciudadanos, es que ni los más folclóricos paranoicos (un Chávez, un Ortega) han tenido la osadía de echarle la culpa del desastre al monstruo imperialista.


La relación entre lo que pasa en Japón y la idea de una fuerza incontrolable cobra vigencia a raíz de la crisis nuclear en la planta de Fukushima. El frenesí noticioso sobre nubes radiactivas ha revivido el miedo de millones de estadounidenses en California, Oregón y Hawái, donde hoy están agotadas las pastillas de yoduro de potasio, que supuestamente protegen contra la radiación. La creencia popular (y falsa, valga la aclaración) de una bola de plutonio que derrite todo a su paso hasta llegar al núcleo de la Tierra, nos enfrentó de nuevo ante la idea de la destrucción súbita “del mundo como lo conocemos” que tanto acompaña a las discusiones sobre la tecnología nuclear.


Antes de abandonarse a los problemas de dictadores, terroristas y criminales, vale la pena volver a saborear esa posibilidad. Revivir a Goyira es una forma de volver a entender la responsabilidad que el poder nuclear puso en las manos de unas pocas personas.


En uno de los puntos clímax de la película de Honda, dos de los personajes principales discuten acerca de si utilizar un arma peligrosa contra el monstruo que hasta ahora había sido invulnerable:


Dr. Serizawa: —“¡El Destructor de Oxígeno no debe ser usado!”.


Ogata: — “Pero si no lo usamos para defendernos de Goyira, ¿qué va a ser de nosotros?”.


Dr. Serizawa: —“¿Y qué será de nosotros si esta arma cae en las manos equivocadas?”.


Ogata: —“Entonces usted tiene la responsabilidad que ningún hombre ha enfrentado”.


A nosotros, que tenemos que vivir en un mundo donde esa decisión ya fue tomada, nos queda la responsabilidad de recordar que los monstruos sí existen, y que Goyira está con vida entre muros de concreto gruesos, pero no irrompibles.


danielpachecosaenz@gmail.com

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