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La libertad también duele

Daniel Pacheco
23 de marzo de 2009 – 10:00 p. m.

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SOÑÉ QUE ESTABA EN LA PLAZA DE Bolívar con mucha gente que llevaba cosas raras para manifestar su libertad.

Había una señora con un vibrador, una chica con sus píldoras anticonceptivas y un señor con un cacho de marihuana. De pronto irrumpió la guardia, liderada por un hombre pequeño. “Aprésenme a estos libertinos, que a costa del orden de la Patria buscan su propio gusto”. La guardia alzó los fusiles y fuimos obligados a entrar en la Casa de la Moneda. Adentro nos esperaban un juez, un médico y un psicólogo.

Afortunadamente me desperté de esta pesadilla sin saber qué pasaba después, y me levanté en un país donde aún hay esperanzas de conservar las libertades individuales. Pero me quedaron sonando las palabras del hombrecito mandón. ¿Por qué pensar que la libertad se basa sólo en la búsqueda del placer inmediato?

Existen muchas decisiones libres que reducen el placer o causan un dolor profundo. Ser libre es mucho más que “hacer lo que me gusta”. Su ejercicio requiere que cada individuo tenga la educación suficiente para limitarse a sí mismo en los placeres que pueden llevarlo al dolor o arrojarse a dolores que pueden llevarlo a más grandes placeres.

El uso del condón, recientemente condenado por el papa Benedicto XVI, es un buen ejemplo de decisiones libres que reducen el placer. El látex bendito permite que disfrutemos el sexo libremente en un mundo de enfermedades mortales. Sin embargo, la delgada cubierta reduce la sublime sensación del frote de las pieles. Si el problema con el sexo es el gustico, el Papa haría bien en promover el uso de condones, y podría lanzar una línea vaticana de preservativos ultrainsensibles.

Ejercer la libertad es a veces más dramático. Las mujeres que abortan deciden sufrir intensos dolores físicos y emocionales, porque juzgan que traer un hijo al mundo es peor, para ambos, que no hacerlo. “Todos los días me acuerdo y me da mucho dolor —me dice una amiga que optó por abortar—. Pero no me arrepiento”. Ella es joven, todavía no sabe lo que quiere con su vida y no quiere obligarse a criar a un hijo en esas condiciones.

Poder decidir por uno mismo es un arma de doble filo. Claro que cometeremos estupideces que afectan a otros y a nosotros mismos. Pero es mejor que el filo único de una autoridad, que cometerá todos los errores por uno.

Sueño real: miles de personas nos acompañaron a portar su dosis de personalidad el jueves 26 en Manizales, Medellín y Bogotá. No hubo violencia, no hubo consumo de drogas. Mostramos que los que apoyamos la dosis personal de drogas somos cuerdos y legales.

danielpachecosaenz@gmail.com

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