Publicidad

Periodismo aguado

Daniel Pacheco
02 de noviembre de 2009 – 06:24 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

OCTAVIO PAZ DIJO ALGUNA VEZ QUE la prosa de García Márquez era “poesía aguada”. Una opinión suave comparada con la de Enrique Krauze, quien sostiene que como periodista Gabo sólo contó un lado de la historia. Y a juzgar por la forma como se registró en Colombia la crítica de Krauze, el legado de Gabo corre aún por nuestros medios.

Para Krauze, la “reputación prístina de García Márquez en el mundo angloparlante no sobreviviría una traducción al inglés de su obra completa de periodismo”. García Márquez, dice Krauze en el ensayo “A la sombra del patriarca”, publicado en la revista Letras Libres y en The New Republic, faltó a la verdad en sus crónicas.

A pesar del tamaño de la afirmación sobre Gabo —el Nobel, el arquetipo del reportero de El Espectador, el fundador de la Fundación Nuevo Periodismo y de las revistas Alternativa y Cambio 16—, en Colombia ha tenido poco eco.

Krauze no sólo lo afirma, sino que lo muestra. Por ejemplo, en su crónica para Alternativa sobre Cuba en 1975, Gabo escribe que en la isla no existía “represión policial o discriminación de ninguna índole”. Esto a pesar de estar bien enterado de los campos de concentración para homosexuales, devotos religiosos y disidentes políticos. “Cuba de cabo a rabo”, el título de esta crónica, se adhiere, según Krauze, a un patrón en todo su periodismo político: “escuchar sólo la versión de los poderosos, contrarrestar (escamotear, atenuar, distorsionar, falsear, omitir) toda información que pudiera ‘hacer el juego al imperialismo’”. Desde la justificación de la ejecución de Imre Nagy, el líder de la insurrección en Hungría, publicado hace años en este diario, hasta la marginalización de la voz de los refugiados del régimen comunista de Vietnam en su crónica “Vietnam por dentro”.

Si el patrón del periodismo de Gabo fuera sólo de él, la crítica de Krauze podría ser archivada en los anaqueles de historia. Pero entonces aparece un artículo en la revista Cambio (primera ironía) sobre las críticas de Krauze y Paul Berman —del New York Times— a Gabo (segunda ironía) que hace pensar que el patrón está vivo.

Según Cambio, es “Imposible no ver detrás de ello [de las críticas] un discurso soterrado de corte neocon, corriente antiizquierdista de nuevos conservadores de Estados Unidos que… buscan imponer el modelo de democracia norteamericano a como dé lugar”. En esta muestra de periodismo activista la revista no se toma la molestia de considerar la naturaleza de las críticas antes de descalificar a los que las profieren. Y luego, en la descalificación, hace uso de generalizaciones falsas. Por ejemplo, sobre The New Republic, Cambio afirma que es un medio de “claro corte conservador”, sin tener en cuenta que la revista se precia de haber “inventado el uso moderno del término ‘liberal’”, según su editor Franklin Foer.

La crítica de Krauze, en cuanto habla del compromiso del periodismo con la verdad, es igualmente válida para las crónicas de Gabo y para las columnas de, digamos, José Obdulio Gaviria. Leerla como un ataque político es como cambiar la mirada del periodista por la vigilancia del propagandista.

danielpachecosaenz@gmail.com

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido