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¿Por qué vale la pena morir?

Daniel Pacheco
21 de febrero de 2011 – 10:00 p. m.

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“HOY ESPERAMOS QUE MUERA GENte; más gente que antes”. A través de una transmisión clandestina de radio habla Fathi Terbil, un abogado prominente de la oposición en Libia apostado en Benghazi, la ciudad donde se originó la revuelta que amenaza con tumbar al régimen de Gadafi.

Momentos después salieron a la calle procesiones fúnebres con cientos de personas desarmadas a enterrar a los muertos del día anterior. Como había advertido Terbil, las fuerzas del gobierno atacaron a los manifestantes, dejando todavía más muertos para enterrar al día siguiente.

“No tengo miedo de morir, tengo miedo de perder la batalla, por eso quiero que los medios vean lo que está pasando. Al menos si muero, mucha gente puede ser testigo, y puedo protestar desde todos esos lugares”.

Las palabras de Terbil resumen bien una de las cosas más impresionantes de las revoluciones árabes, que comenzaron el 17 de diciembre cuando Mohamed Bouazizi se prendió fuego en Túnez. El método para enfrentar la opresión, para tumbar gobiernos, ha sido la entrega de la vida.

En dos meses muchedumbres desarmadas, encabezadas por hombres jóvenes dispuestos a recibir balas para convertirse en mártires, han logrado cambios más profundos que años de esfuerzos de los grupos radicales violentos. Ser testigo de cómo esta táctica cruza fronteras y contagia distintos países ha apelado de forma poderosa a la conciencia y las emociones de millones de personas alrededor del mundo. Más allá de las reflexiones sobre la dictaduras y democracia, a mí me lleva a preguntarme por qué estaría yo dispuesto a entregar la vida.

Para que se entienda bien, esta no es una pregunta acerca de por qué vale la pena luchar. La lucha, aunque sí implica un estar dispuesto a dar la vida, también es un esfuerzo tremendo por conservarla, por mejorarla. Caminar hacia las fuerzas mercenarias de Gadafi, en cambio, es una invitación a la muerte por las consecuencias que ésta les puede traer a otros. De nuevo, entonces, ¿por qué vale la pena morir?

Vale la pena morir por amor. No sólo en el sentido romántico, también por amor a la familia, por amor a los amigos de verdad. Morir por amor es, de alguna manera, morir para que otros sigan viviendo o vivan mejor.

Vale la pena morir por expresar lo que uno piensa y lo que uno cree. Porque más allá de que cuando uno esté muerto no va a pensar en nada, vivir sin poder expresarse es renunciar a ser uno mismo.

Vale la pena morir para defender la propiedad. No se trata de hacerse matar por un celular en la calle. Pero en un sentido más extremo, las cosas que uno tiene son el fruto de quien ha sido uno en el mundo. Perderlas por la imposición de otro es como dejarse borrar a sí mismo.

No sé si esto sirva para entender lo que pasa en África del Norte. Tal vez algo así sólo se logre entender caminando en dirección a las balas.

danielpachecosaenz@gmail.com

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