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La política de drogas en Bogotá es uno de los pocos puntos donde la alcaldía de Gustavo Petro tuvo aciertos y avances tangibles.
Aunque la campaña que pasó fue aclamada por haber sido “de ideas”, es poco lo que se sabe de la propuesta de Peñalosa, incluso para las personas expertas en el tema, adentro y afuera de su campaña, con las que hablé.
El tema es interesante no sólo por la importancia en sí del impacto de las drogas en la ciudad. La ruta que tome la administración de Peñalosa, quien en la pasada campaña presidencial dijo que era partidario de la legalización, será un indicador de qué tan empeñado llegó a la Alcaldía, luego de recibir apoyos del Partido Conservador y Cambio Radical, grupos con una visión mucho más conservadora del tema.
Petro deja valiosas experiencias que valdría la pena continuar. Tal vez los Centros de Atención Móvil a Drogodependientes (Camad), unos buses con servicios médicos básicos de salud en que se atendía a habitantes de calle adictos a las drogas afuera de las ollas, sean la parte más visible de su enfoque. Según cifras de la Alcaldía, atendieron a 32.000 personas que, por ser consumidoras de drogas, carecían de la atención más básica para un ser humano.
Si bien el programa ha tenido dificultades para superar el planteamiento básico de asistencia inmediata a habitantes de la calle, envió un mensaje muy distinto. Especialmente opuesto al que recibieron de la pasada alcaldía de Enrique Peñalosa, de quien recuerdan más las retroexcavadoras y policía que los sacaron del Cartucho. Una estrategia con un impacto en el problema de las drogas dudoso, como queda en evidencia por las varias ollas alrededor del centro, como el Bronx, donde ahora hacen fila los consumidores de drogas para recibir atención de los Camad.
Pero sobre todo, desde el Palacio de Liévano Petro asumió una vocería decidida a darle forma a un nuevo enfoque en la política de drogas. En esto se puso a tono con la vanguardia norteamericana a la que tanto admira Peñalosa, y que en estados de EE.UU., por ejemplo, está cambiando desde abajo la política de drogas de Washington. Petro fue arriesgado y original al pensar en políticas experimentales interesantes, como programas de superación de la adicción al bazuco usando marihuana. Todo esto, desafortunadamente, empaquetado en su tono desafiante y con sus problemas de ejecución.
Por ahora, de Peñalosa sabemos que quiere crear un “bloque de búsqueda” contra el microtráfico cerca de los colegios en sus primeros días de Gobierno. Ha dicho también que continuará con los Camad, y resistió los ataques de Pacho Santos por su apertura a la despenalización sin ceder a las tentaciones populistas de la penalización.
Balancear las medidas punitivas y la salud pública en el tema de drogas es parte de la política integral. La pregunta es si Enrique Peñalosa será el dueño de ese balance. Qué tan allá y qué tan acá esté Peñalosa en el tema de drogas nos informará al final cuánto mandan Marta Lucía Ramírez y Germán Vargas Lleras en la nueva Alcaldía de Bogotá.