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LA ARQUEOLOGÍA POLÍTICA DE LA IZquierda es sin duda la más extensa, violenta y tediosa de Colombia. Hay tantos fósiles de partidos, movimientos, sindicatos, ejércitos, disidencias y comisiones, encriptados en siglas, que las conversaciones entre militantes se parecen a las que tienen los taxistas por sus radios.
Solamente al tratar de explicar lo que es el PDA, un partido que se creó en el 2005 cuando el antiguo PDI, compuesto por personas del M-19 y la ANAPO, se unieron con el MOIR y el PCC para unificar toda la izquierda democrática y tratar de evitar la reelección de AUV, es fácil perderse.
En ese entonces la posibilidad de una unidad descanzaba sobre la idea de que “son más las cosas que nos unen que las que nos separan”, según expresó entonces el hoy presidente del PDA, Carlos Gaviria.
Cuatro años después, la actual situación del PDA muestra que esta idea resultó ser falsa, y que la ilusión de una izquierda unida nunca estuvo realmente fundamentada más que por una adversión común a un presidente de derecha. Sin embargo, la adversión fue tan grande que sirvió para elegir a 18 congresistas, todos de siglas distintas de la vieja izquierda. El problema es que cuando uno los pone juntos, como sucedió en el Congreso de Jóvenes del PDA este fin de semana en Ibagué, se encuentra con un Senador, como Luís Carlos Avellaneda, que propone la muerte del capitalismo y el tránsito a una revolución socialista, hablando junto a otro Senador, como Gustavo Petro, que propone reformas para democratizar el capitalismo. La madre si esas no son diferencias irreconciliables.
Perfecto, hay diferencias entre las grandes cabezas del PDA, pero esto no excluye que los jóvenes se puedan poner de acuerdo en algunos asuntos fundamentales, como el conflicto armado. Sin embargo, en la comisión para discutir este tema surgieron las mismas posiciones arcáicas provinientes de las tendencias a las que ellos pertenecen dentro del PDA. “Hay guerras justas y guerras injustas, y esta [la colombiana] es justa”, opinó uno. “Como el estado utiliza todas las formas de lucha, la guerrilla también puede”, argumentó otra.
Después de padecer esta discusión una minoría de alrededor de 65 asustados delegados se reunieron y decidieron retirarse del Congreso. En su declaración argumentaron que se retiraban porque sus convicciónes de “izquierda democrática” eran irreconciliables con el “no rechazo contundente a todas las formas de lucha”.
Al final, la resolución del Congreso de Jóvenes supo disimular este tipo de opiniones impresentables ante la opinión pública, y demás “diferencias” encontradas entre los miembros del partido, declarando el evento un triunfo para la unidad.
Pero lo que no se puede ocultar, luego del retiro del sector de jóvenes, es que en los estratos rocosos de la vieja izquierda, recogidos en el PDA, los fósiles del pasado siguen vivos y reencarnados en nuevas generaciones. Esto no significa que hay grupos armados infiltrados en el PDA. La ambigüedad frente a la guerrillas y la justificación de su lucha es una posición política legítima, así uno considere que es obtusa, infundamentada y terriblemente dañina para el país.
Lo que no es legítimo es quedarse en un partido que la cobija de forma solapada. Este es el mensaje que dieron los jóvenes de la izquierda democrática, quienes desapegados de la nostalgia que le pesa a muchos de sus mayores en la izquierda, rompieron una unidad que restaba más de lo que sumaba. La arqueología política y la unidad de sus estratos rocosos, parecen decir, tiene su lugar en un museo. Ellos hacen política para el futuro.