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El récord de todos los records

Danilo Arbilla
12 de diciembre de 2008 – 08:47 p. m.

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Del Estado brasileño de Santa Catalina al Departamento (provincia) de Florida en Uruguay hay unos 1250 kilómetros. En las últimas semanas  las inundaciones en el de Brasil y la sequia en el uruguayo han hecho estragos. ¿Caprichos del destino? ¿Curiosidades del clima?

No, algo mucho más grave producto del cambio climático que hace que en materia de desastres se batan récord tras récord. Nevadas en verano, inundaciones, desbordes de ríos, deslizamientos de tierra como nunca se vieron y proliferación de huracanes, ciclones y maremotos. Fríos y calores como jamás de habían dado. Sin embargo a la gente le preocupa más la crisis financiera, que  también batió  records y le robó el cetro a la del ’29.

En una columna anterior hice referencia a una advertencia hecha en un seminario realizado en Punta del Este (Uruguay) por el ex presidente chileno Ricardo Lagos, de que si se continúa con el ritmo de calentamiento global  es posible que en el 2100 la humanidad desaparezca. Esto es, en unos noventa años. Los pronósticos y reclamos de Lagos tuvieron poca repercusión en los medios de comunicación.

¿A quién le importa lo que va a pasar dentro de 90 o cien años? Ya se verá. Parecería que lo que hoy  realmente preocupa   es lo que va a pasar con los banco y no con el planeta y menos  en momentos en que ninguno de los  que estaban  en el seminario, por ejemplo, va a estar vivo. Lagos insistió. Habló sobre la necesidad de controlar las emisiones de gas. Lo mismo que hicieron unos diez días después científicos y dirigentes de todo el mundo, reunidos en Poznan, Polonia, para negociar sobre el cambio climático.

Y ya no se trata de un problema ideológico o que se pueda enmarcar en el viejo maniqueísmo de  echarle la culpa a los países desarrollados. Estos ciertamente tienen que hacer mucho reduciendo las emanaciones de gases del efecto invernadero, pero con eso no basta porque ya no son el único problema. También está el rápido crecimiento de las emisiones de gas desde países emergentes y en vías de desarrollo y que entienden, legítimamente, que a ellos también les tiene que tocar desarrollarse, crecer y mejorar el nivel de vida de su pueblo.

Hace treinta años cuando se hablaba de la deuda externa, el tema aburría a la gente. Ese es un problema de los gobiernos, de los países, pensaban, como si fueran parte ajena. Cuando vino la crisis se dieron cuenta que los deudores eran todos y cada uno de ellos. Una forma de ser optimista pero a la vez iluso es pensar que “esas cosas, a uno no le suceden“. Sin embargo a todos nos pasa.

El cambio climático es un hecho. No es cosa de viejos nostálgicos. Habrá más catástrofes. Se batirán nuevos records y las crisis serán más serias y mas graves, hasta que, si no se hace nada y no se toma conciencia, tendrá lugar, inexorablemente, la gran crisis, la madre de todas las crisis, la última crisis. Se batirá el record de todos los records. Para después ya no quedarán competidores.

Todavía falta, se van a tomar medidas, hay mucho por delante. ¿Será así? Noventa años en mucho tiempo en la cárcel, pero están a la vuelta de la esquina. Es este mundo tan curioso en que llueve donde no hace falta y no cae una gota de agua donde se necesita, es cierto que hay minutos que parecen siglos, tanto, como que los años pasan volando.

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