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Un sueño de todos

Danilo Arbilla
31 de enero de 2014 – 05:00 p. m.

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¿Seguir con lo de la Cumbre de la CELAC? ¿ No será aburrir a los lectores? No deberían aburrirse, sin embargo. Es demasiado serio como para dejar “que lo juzgue la historia”.

¿ Pero qué decir? ¿Repetir que fue un increíble espaldarazo a la dictadura de los Castro? ¿Que Europa, en su caída y desbarranque, se suma a ello y reconsiderará sus relaciones con el régimen cubano? Qué papelón y qué tristeza. Sólo falta la bendición del papa Francisco. ¿También eso se dará?

Mas que añadir algo, recordar lo que decía Martin Luther King: “Lo que más me preocupa no es el éxito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin carácter, de los sin ética; lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”.

Verlos a todos allí, más los dos funcionarios internacionales, en una gran genuflexión a la más vieja dictadura del mundo, lleva a plantearse si serán los buenos, o cuáles son los buenos que deberían haber alzado la voz.

¿Y no será que cada uno de ellos, de vez en cuando, tiene su sueño de ser presidente por más de medio siglo, hasta que se aburra, y dejar de serlo cuando se le antoje y poder pasarle el poder a algún familiar, sin necesidad de tanta vueltas constitucionales y fórmulas reeleccionistas?

Puede que sea un apoyo genuino y que a la vez admiren y envidien a los Castro.

No es aventurado decir, dadas las realidades continentales, que a muchos de los allí concurrentes —si no a todos— les gustaría tener en sus respectivos países un régimen de libertad de expresión como el que impera en Cuba. Con pocos medios; sólo los oficiales. Periodistas funcionarios. Nada de publicidad oficial, sólo los recursos para mantener los órganos de difusión y propaganda del Gobierno. Que digan lo que se les manda a decir.

Nada de cupos de papel, de cuotas de importación, de vericuetos y “explicaciones“ para afuera: animarse a lo que hizo Fidel desde el principio, que descartó cualquier tipo de gasto de divisas para importar papel para la prensa burguesa . El “maestro” fue categórico, como lo fue igualmente, por aquellos días de hace más de cincuenta años, cuando prometió a los cubanos y anunció al mundo enfáticamente que “en diez años tendremos un nivel de vida superior al de los Estados Unidos”. “Nosotros convertiremos a Cuba en el país más próspero de América. Cuba alcanzará el nivel de vida más alto que ningún país del mundo”.

Será que todos los que fueron suman también ese otro sueño escondido a los de la larga permanencia y la corta libertad de prensa. Será por ello la “adoración” a Fidel de un joven y novel presidente de una gran nación, o en este caso sólo se deberá a un mero retorno a los orígenes y las costumbres y prácticas de un viejo partido que ha vuelto al poder.

Porque no. Cada uno, al igual que el mártir norteamericano, ha de tener su sueño. O más de un sueño, y en función de ellos arbitrar sus apoyos y silencios. Son silencios tan reiterados y tan estruendosos que a veces convocan a la duda.

Volviendo a Luther King, que advertía que “al final no recordamos las palabras de nuestros enemigos, sino el silencio de nuestros amigos”, cabe legítimamente preguntarse en este caso, y entre todos los concurrentes a la isla, si serán nuestros amigos.

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