La leyenda de El Dorado

David Yanovich
11 de febrero de 2020 – 12:00 a. m.

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Noventa millones de pasajeros en el año 2050. Esas son las proyecciones para la zona de la sabana de Bogotá, hoy atendidas desde el aeropuerto El Dorado, unas tres veces el tráfico que se registra hoy.

Recientemente se puso sobre el tapete la discusión sobre cuál es la mejor forma de lograr la evidente expansión que requiere la infraestructura aeroportuaria de Bogotá. En particular, salió nuevamente a relucir el proyecto del nuevo aeropuerto, El Dorado II, anunciado desde el gobierno pasado como la solución para la creciente demanda de pasajeros.

Lo importante de ese debate es que no se vuelva político, como tantas otras discusiones sobre temas críticos de infraestructura en el país. Las opiniones a la hora de decidir qué solución es la mejor deben ser eminentemente técnicas y soportadas con estudios concretos y serios, y no definidas en los calores del debate político. En esto la responsabilidad del Estado, de quienes están en campaña temprana a la Presidencia, de los políticos en general, es enorme.

Esta discusión debe resolver un problema de fondo: diseñar y construir un plan para lograr incrementar las operaciones horarias de 72, en el terminal actual, a una capacidad de cerca de 140 que se necesitan para atender 90 millones de pasajeros de manera confiable, segura y con el menor costo económico posible.

Con base en información de expertos, El Dorado II sí se necesita, pero, según estudios realizados por firmas de gran experiencia a nivel internacional, no como está planeado hoy en día, ni tampoco ya. El Dorado II debe hacer parte de un plan de expansión escalonado y ordenado que, en su totalidad, implica inversiones por alrededor de US$3.000 millones y que combina la ampliación de las operaciones en la terminal actual, expandir el puente aéreo duplicando su capacidad y especializándolo en aerolíneas de bajo costo y, finalmente, la construcción de El Dorado II en Facatativá y con un tamaño más pequeño.

Este plan consiste en ampliar la plataforma de la terminal actual, construir más puentes de abordaje, hacer una tercera pista en El Dorado, construir una terminal adicional en el sitio actual del aeropuerto y finalmente construir El Dorado II.

Con el plan original de El Dorado II, una inversión de alrededor de US$830 millones, llegaría a 108 operaciones/hora. Por otro lado, la pista quedaría a tres kilómetros lineales de la pista sur actual del aeropuerto, lo que la hace dependiente de la operación de las pistas existentes. Con la ampliación de una tercera pista exclusivamente para aterrizaje en la terminal actual, por ejemplo, con una inversión de alrededor de US$385 millones, se llegaría a 110 operaciones/hora. Entre las ampliaciones adicionales de la terminal actual y el resto del plan, se lograría llegar a las operaciones/hora requeridas en el 2050.

En Bogotá se necesita ampliar la infraestructura aeroportuaria de manera casi inmediata, por la saturación a la que está llegando la terminal actual (entre 2022 y 2023, dicen los operadores actuales). Hay que trazar una hoja de ruta para que este y los gobiernos venideros puedan ampliar de manera ordenada, eficiente y segura esa infraestructura. De lo contrario sufriremos los pasajeros, la economía y la competitividad del país.

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