La búsqueda

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Buscamos. En los rincones y todos los días. Se busca en el fondo del cerebro o en el entrecejo.

Se busca en la mesita de noche y la memoria. Buscamos. Se revuelve el ático para buscar bien el alma gemela, los muertos propios y una foto en blanco y negro. Buscamos en el pasado sin futuro.

Somos la madre que pierde su hijo, la novia que busca marido, los amantes que no se encuentran. Y seguimos buscando. Se busca el viaje que nunca se hará o la casa que no existirá. Se busca el jardín de al lado, el sol y la fama y, de noche, se busca lo que, tal vez, nunca podrá encontrarse. Oración diaria porque seguimos incompletos de futuro. Perseguimos hasta la última pieza del rompecabezas. Buscamos.

La búsqueda tiene encanto, convicción y locura. Es ansiosa, una pérdida de tiempo y una falta de sentido. Hay búsquedas que no tienen más norte que perderse entre los humos de los vicios en las habitaciones de placeres baratos. La búsqueda es una revolución que hay que enderezar y el guiño de un desconocido en medio de la multitud. Toda búsqueda nace en la carencia y el anhelo de la refundida idea de felicidad. Es adicción.

Pueden recorrerse los lagos del sur, las faldas de las montañas más frías, llegar a las cuevas más remotas y conocer los maestros de los mil colores y, con todo, seguir buscando el mundo de afuera y el mundo de adentro. A veces es encontrar un paraíso y salir de un infierno. Es el instante en sí mismo, una inhalación, una exhalación, el respiro. Las mejores búsquedas son esas que invitan a recobrar los tiempos de lo desconocido y los encuentros con lo imprevisible. Es búsqueda lo que nace de la confianza y que, cuando termina, apenas comienza. Carrera entre la utopía y la realidad, entre la vigilia y el sueño, entre un pasado y el destino; no tiene punto medio.

Y es que la búsqueda, esa que parece verdadera, está siempre más cerca del corazón que de las ideas, de la sencillez que de los adornos, de la simpleza que de la ideología. Con su ritmo y su cadencia, la búsqueda interior, como la vida misma, se convierte en el éxtasis de un amor que nunca dejará de ser presente.

otro.itinerario@gmail.com

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