Publicidad

Púrpura

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Irse recorriendo poco a poco tiene sus sorpresas. Partir del cóccix para enrollarse por un ratico en el ombligo y luego escaparse a lo infinito de un corazón, es poco menos que una travesía por el estrecho de Magallanes.

Viaje que reclama la delicada paciencia de las hilanderas y requiere de indicaciones, algunas celestes y  otras imaginarias. En el itinerario de un cuerpo, despedirse de los cuatro pétalos es una tarea que puede durar años hasta que se logre ubicar la ruta exacta para levantar una choza en el centro de la pureza.

Al quinto sector energético, guardián del cuello, se llega caminando despacio desde el corazón de abajo hacia arriba y vértebra por vértebra. Atasco donde se renuncia sin obligación a las perversiones de la cama doble, a los halagos de los desconocidos, a las atenciones después de los deseos y a la razón como única bandera en tiempos de necesarias mudanzas. Estar en Vishuddhi es un salto al vacío, un acto de fe que le hace campo a la esquinita de la bondad. Un vórtice de energía escondido en la garganta que alberga lo inaudito, lo inesperado y lo inimaginable, y que diluye por fin la alucinación de la dualidad. Lo relativo se hace ingrediente de cocinas, amores y emociones.

Vishuddhi es una flor de loto con dieciséis pétalos de color púrpura profundo. De la mano de las intuiciones exóticas, el quinto mandala es un pasaje de acceso a las constelaciones interiores y al elíxir de una alquimia sin horno. Sólo hay que cerrar los ojos y permitir el atisbo de una gota dorada de néctar en la parte trasera del paladar que recorre la garganta dejándose caer hasta sus regiones de ambrosía dulce y serena. Vishuddhi es el puente donde las vicisitudes de los días, los dolores y los placeres, las preocupaciones y las más nefastas intenciones, no hacen el camino del yogui.

El sector de la garganta es la propia carne al alcance de una voz tenue como cuando se respira escuchando el ruido ligero que hace el espacio. Inhalando y exhalando, hacia arriba y hacia abajo, sin que nadie lo note, sin que nadie lo perciba, por ese sendero se llega al reino de la simplicidad donde se atragantan las maldiciones y se disuelve el veneno de lo no dicho. Justo ahí, cerca de la médula oblonga, si se respira como apretando la garganta, se cruza el puente hacia el lugar donde un solo latido del corazón nos une con la totalidad.

otro.itinerario@gmail.com

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido