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Vértigo y gozo

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Detectar brechas es tarea inútil si la certeza es el credo. Descubrir instantes de vacuidad es imposible sin notar que desaparecieron ya. Recurrir a la mente para agarrar lo inasible es tarea de ilusos. Por eso, aquel espacio entre pensamiento y pensamiento, entre imagen e imagen, entre sentimiento y sentimiento, no puede suceder sin el vértigo de sentir que se está dejando de patalear.

Una brecha no es estar despierto, pero tampoco es estar dormido. Una brecha no es el estado de vigilia ni mucho menos el soñar en tecnicolor. Una brecha es un espacio que no existe, un lugar único donde los olvidos son la evidencia de su presencia. Existir requiere del tacto, del oído, de la vista, del gusto, pero al quedarse quieto por unos instantes, al cerrar los ojos y respirar con profundidad, poco a poco, la mente se aquieta, el corazón late sin afanes, los pensamientos son menos agitados, las emociones se suavizan. La vida se hace otra cuando nos agarra una brecha. Surge la vacuidad donde se diluyen los olores, se esfuman los colores y se apaciguan los sonidos. Y ahí, en estado de quietud, de nula expectativa, de inexistente intención, de lentitud casi total, brillan los mismos sentidos en otras frecuencias que por sutiles no son menos reales. Estas zonas son las fisuras entre la vigilia y el dormir, entre el dormir y el soñar y entre el soñar y el estar despierto. Ahí, en medio de cualquier acto simple, desaparece la normalidad y toda rutina no puede ser ni real ni objetiva. Algunas técnicas de quietud son mapas detallados para ubicar estas explosiones de instantes indescriptibles. Como arcanos, las brechas son las rendijas de la vida por las que se cuelan sin pasaporte las imaginaciones, los amores, las pasiones y las excentricidades. Es donde todo puede nacer o todo puede desaparecer. Maestras de las distancias y experiencia real, son vida que fluye, que teje, que se expande y crea. Momentos de arte y ciencia, de pasión y desapego, de locura y cordura. Sucediendo entre la certidumbre y el movimiento, una sola brecha es toda la inmortalidad envuelta en el vértigo de un gozo injustificado. El éxtasis, más allá de dos cuerpos que se unen porque estamos hechos de vacíos. Uno detrás de otro. otro.itinerario@gmail.com

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