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Vulnerabilidad

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La vulnerabilidad no es algo que guste. Por el contrario, disgusta. Y tanto desespera que se castiga, se rechaza o se estigmatiza. Ser vulnerable es como no haber sido invitado a la fiesta de los bellos, fuertes o triunfadores. Todos atiborrados de galardones y motivos para sonreír.

Pero en algún momento y por alguna situación, todos somos vulnerables. Lo somos cuando invaden las dudas o cuando, por asomo, nos sentimos poco suficientes para otros. Vulnerables estamos en las mañanas cuando hay desolación o la compañía se paga. De vulnerabilidades vamos vestidos cuando entramos al primer trabajo, perdemos las llaves, el dinero o el amor. La enfermedad recuerda que no somos eternos y que la muerte acecha sin preferencias como echando en cara las flaquezas. Vamos por ahí con esa desnudez a cuestas, tan vulnerable, y que en cada encuentro se devela más frágil y profunda. Somos vulnerables cuando agredimos al otro exigiéndole hasta sofocarlo o cuando nos reímos de sus ideas. Vulnerable es todo aquél que ande amputado, cojo o sin el hígado apropiado. Somos la vulnerabilidad porque nos necesitamos unos a otros.

Aceptar las debilidades de cada quien requiere de sabiduría, de paso firme, de valentía. Aceptar que con los otros caminamos y que cuando estamos juntos puede ser mejor, es tocar la realidad, la mística y el éxtasis. Es necesario comprender que ese otro atacado, maltrecho, triste, incapaz, es, además, el prisma evidente de nuestro propio reflejo porque, al ofrecer la mano al débil, nos hacemos fuertes juntos.

Y hay individuos, grupos y sociedades que son vanguardia acogiendo como suyos a los vulnerables con declaraciones, actitudes, emociones, leyes y acciones. Pero otros territorios, tan nefastos como dolorosos, creen que la fuerza es hablar más duro o empujar con codo, carro y metralleta. Hay sociedades, como la nuestra, que es indolente cuando se vulnera al otro porque se considera una batalla inútil, casi innecesaria, como si fuéramos cómplices del dolor. Y así, con los días, se nos olvida que vulnerables somos todos porque de eso saben bien los que nacieron ayer y los que morirán mañana; saben los que son viejos y los que son ciegos; saben los que aman y los que no. Mientras no nos aceptemos como frágiles, en el barrio, en la calle, en la casa y en la pareja, ser vulnerable seguirá siendo una amenaza.

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