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“La policía nunca me ha parado en mi Mercedes Benz”

Don Popo
18 de septiembre de 2015 – 11:11 a. m.

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Esto le dije a Liliana Valencia, presentadora Afro del Canal RCN, a propósito de los improperios de la policía hacia los líderes afro: “¡un negro no puede ir en un auto de alta gama!».

– Ha de ser por tu pinta, nadie va a pensar que un negro con rastas y bien vestido sea un chofer, o se haya robado ese carro…, dijo.

-Jajajaja risas.

Que no me hayan parado no significa que no existan los prejuicios, no solamente en la policía, sino también en personas de todos los sectores sociales, ¡blancas y negras!

Sí, también las personas negras estamos cargadas de prejuicios (y de prejuicios endógenos). Por ejemplo, el año pasado cambiaron el vigilante de mi edificio; quien llegó era una persona negra, quien no podía creer que un negro como él viviera en el Penthouse; no me abría la puerta automática sino que bajaba las cuatro escaleras del parqueadero para cerciorarse de que yo en verdad era dueño de ese carro y vivía en ese apartamento; me interrogaba:

– ¿vos dónde es que vivís?

– en el xxx

– ¿Hace cuánto?

– Dos años

– ¿Con quién?

– xxx

– ¿Y ese carro?

– Es mío

– ¿Y el otro?

– también

– ¿Vos sos futbolista?

– No (jajaja, sonreí y pensé…)

– ¿Vos de dónde sos?

– De Condoto

– ¿Ah, síii? Yo también. ¿De qué barrio, qué familia, cómo se llama tu abuela?

¡La tercera vez le dije: «hermano, ábrame la puerta que debo ir a trabajar». Y me fui pensando que aún hay mucho camino por recorrer, no solo afuera, sino también en propia cultura.

Cuando me preguntan si hay racismo en Bogotá, siempre respondo que he sido privilegiado, pues tengo que estar concentrado para sentirlo; por haber crecido dentro de la burbuja del movimiento Hip Hop (del Rap, Break Dance y Graffiti), en donde con orgullo se reivindica la cultura, los fenotipos y la estética de afro y negras, hasta apoteósicamente (en 1998 un niño rubio, en El Corte Ingles en Madrid, me dijo, ¡yo quisiera ser negro, para parecerme a usted! –el Niño estaba comprando música rap–); tengo que hacer silogismos para saber cuando me están discriminando; en una entrevista en 1994, un periodista y presentador de radio famoso me dijo que yo era increíble, que yo era “un negro inteligente”; usualmente, por fascinación, la gente suele preguntarme por mi procedencia; cuando les respondo que soy del Chocó, noto su desentusiasmo…

Pero hubo un suceso que me estalló la burbuja y me mandó a buscar a CAP, mi amigo de la infancia, y una botella del mejor whisky, para poder digerir lo sucedido. Fue mi encuentro con la Universidad de Los Andes. Este año me inscribí en su Excecutive MBA, de los estudios más prestigioso que tiene este país, y cumpliendo con todos los criterios de selección:

1) Ser mayor de 35 años: tengo 38 años.

2) Tener pregrado: tengo maestría;

3) Tener mas de cinco años como director de una empresa: demostré 19 como director de la Familia Ayara y de seis empresas más;

4) Tener 100 millones de pesos que cuesta la carrera: no solicitaré crédito, ni beca, dije a la sorprendida, desconcertada y sonrojada mujer, quien en la entrevista antes de preguntar mi nombre se excusó de no ser ella quien tomaría la decisión.

A la semana recibí un correo que decía que mi perfil “no aseguraba los propósitos centrales del programa”.

Embriagado le dije a mi novia y a mi abuela: «No voy a pedir explicaciones. No voy a hacer escándalo. No voy a mover influencias. Este es un costo que alguno de nosotros debe pagar para poder controvertir el orden, derrumbar prejuicios y preconceptos, ser el Avatar. Esto no es personal, no es nada contra Don Popo; año tras año volveré a intentarlo, hasta que me acepten en esa universidad; en los mejores autos, las mejores tiendas y en los mejores condominios. Así cambiaremos las cosas; ¡desde adentro!».

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