La vida…

Don Popo
04 de abril de 2017 – 09:00 p. m.

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No había terminado de llorar a mi amigo por su muerte desconcertante, cometida por una roca que cayó de la nada, por las fuertes lluvias, cuando ocho días después cayó una avalancha en Mocoa…

Ember, el profesional, el intelectual, el amigo, hermano, hijo, gran padre y esposo, promotor y protector de los derechos de la niñez, quien creyó en la cultura, el arte y el deporte como la herramienta más poderosa para la reconstrucción del mundo; quien a mis múltiples frustraciones, cuando sentía que todo me estaba fuera de lógica y razón, me contrargumentaba con su frase irrefutable: “La vida, Don Popo”, y cerraba toda conversación con un llamado a la acción: “¡Ánimo!”…

Se había ido… Su vida como un suspiro que reconforta el alma de quien lo encuentra. Demasiado corta… ¿Cómo es posible que antes de tiempo muera la gente buena, símbolo de honestidad, responsabilidad, rectitud, compromiso y humildad, con tanto por aprenderles? ¡Los designios de Dios…! En algunos casos.

Pero en otros, como Mocoa, el destino, la naturaleza implacable, la voluntad de Dios, no son suficientes. El cambio climático, la deforestación, la minería, los asentamientos de las poblaciones desplazadas víctimas del conflicto en zonas de alto riesgo, ¡son responsabilidad del Estado!

Es su responsabilidad la planeación y la prevención, que son más rentables que la cura: si hubiera una reparación integral con dignidad, las víctimas y los pobres no vivirían en zonas de alto riesgo, pero no habría víctimas si no hubiesen guerras; si el gobierno aceptara que su locomotora para el desarrollo, explotación minera, es una cadena productiva de muerte que acaba con la flora y la fauna, consume toda el agua, tumba montañas, desvía el cauce de los ríos, causa terremotos, maremotos y huracanes; que los monocultivos no pueden ser el único método de abastecimiento de las ciudades; que la concentración urbana es inevitable si no se reactiva el campo; que el cambio climático no es retórica. Y continúo…

Que el activo más valioso de todo país en desarrollo son sus ciudadanos, en especial niños, niñas y jóvenes, por eso todos los recursos deben ir orientados a su potenciación y protección, detectando a tiempo y previniendo riesgos que pongan en peligro su vida e integridad. Única forma de hacer sostenible un sistema económico, así sea capitalista.

Pero, mientras sigamos teniendo un Estado liderado por intereses privados e irresponsables, con políticas de “amanecerá y veremos” por las cuales hoy sufrimos el desastre de Mocoa, con soluciones analgésicas de invertir 50 mil millones en la reconstrucción, mientras todos sentimos que se hubiese podido evitar y blindar los 1.050 municipios con los 50 billones que se roban por año.

Afortunadamente, ante una catástrofe, siempre hay gente que olvida todo el deber ser y actúa, y se convierten en héroes, solidarios, capaces de entregar todo, hasta su vida, con amor. Como los rescatistas, las organizaciones humanitarias, soldados y desmovilizados; los artistas del Hip Hop, deportistas extremos, líderes afros, lesbianas, en situación de prostitución, madres comunitarias, todos, moviéndose, organizando eventos para dar respuestas, sabiendo que juntos pueden.

Y me devuelven la esperanza. Y cuando me pregunto ¿Cómo? y ¿Por qué….? Como campanadas, la sabiduría irrefutable de mi amigo… “La vida, Don Popo. La vida”. ¡Ánimo!

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