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¿’Coffee break’ o medias nueves?

Doña Gula
27 de mayo de 2011 – 11:17 a. m.

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Es un hecho: me ufano de ser glotona, además de constante observadora de asuntos triviales en esto del comer y el cocinar.

Sin embargo,  con el debido respeto de filólogos y lingüistas, voy a meterme por los bordecitos en su territorio, para opinar sobre lo siguiente: para nadie es un secreto cómo el trajinado american way of life, se ha calado en nuestro medio, tanto o más que la misma droga. Quiero decir, que el modelo de vida norteamericano desde hace muchos años se pavonea por todos los estratos sociales de nuestra city y es así como en asuntos del vestir, del hablar y del comer nos alejamos y  despreciamos más nuestro doloroso, pero a la vez glorioso proceso de mestizaje.

No se piense que voy en contra del progreso, buscando defender la arquitectura de paja y bahareque o aquella colonial; tampoco pretendo que el vestido de chapolera para las mujeres y la mulera, el sombrero, el mandil y las alpargatas para los hombres deban ser nuestra indumentaria actual; me da grima, sí, ver cómo aquello que más se resiste a la dominación colonial de los pueblos (su cocina), en nuestro medio comienza a desfallecer.  Ya nadie toma medias nueves… hoy se toma refrigerio y más exactamente coffee break.

Buñuelos, pandequesos, pandeyucas, almojábanas, galleticas de mantequilla, tortas caseras, panderos, cucas, arepas, roscas de sagú, mojicones, encarcelados, roscones, palmeras, quesito, empanadas, café con leche, malta y avena han sucumbido ante la oferta contemporánea de crepes, wafers, panqueques, brownies, milhojas, merengones, pizzas, hotdogs, café au lait, té o bebida gaseosa estimulante. Los actuales organizadores de eventos, así como los hoteles y restaurantes que operan en nuestro medio, han preferido remplazar no sólo nuestra oferta culinaria, sino igualmente el vocablo conceptual; en otras palabras, se manifiesta “vergüenza ajena” por las dos puntas: por la de nuestra comida y por la de nuestra lengua. No es mi talante descalificar la calidad de otras recetas provenientes de diferentes partes del mundo,  a las cuales reconozco su magnitud; mucho menos pienso defender con pataletas patrioteras los sabores del terruño; lejos estoy de parecerme al benemérito y finado Arturo Abella defendiendo a ultranza el chirriado lenguaje santafereño. Pretendo simplemente manifestar mi opinión en este tan trivial asunto para decir que antes que coffee break prefiero medias nueves y que ante la posibilidad de escoger entre una “crepe” a las 9: 30 a.m. o un aromático pandeyuca… me quedo con este último, así sea sin puntas.
 

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