Publicidad

Ciudades desaforadas

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Mientras el establecimiento político de cada nación no se ocupe con toda seriedad de los temas urbanos, dejando de lado la idea de que los problemas de los asentamientos humanos son del resorte de los mandatarios locales, las esperanzas de un futuro de bienestar para la mayoría de los habitantes del mundo serán escasas.

Ya sabemos que las aldeas y las ciudades son el escenario inmediato de la felicidad o del fracaso de la cotidianidad de la mayoría de los habitantes del planeta. Pero, por lo general, seguimos pensando que los problemas que atañen a esas aglomeraciones son responsabilidad de unos personajes que en la mayoría de los casos jamás se prepararon para manejarlas, porque su talante y sus ambiciones son de naturaleza política y lo que mejor hacen es decir cosas que les hagan ganar las elecciones.

Las ciudades, grandes o pequeñas, son tal vez el fenómeno más complejo de la época contemporánea. Su vivencia de cada día tiene que ver con los asuntos más variados: seguridad en las calles, no en la imaginación de los secretarios de gobierno, vivienda bajo modalidades innovadoras, uso óptimo de la energía y los demás servicios públicos tradicionales, relaciones urbano rurales, movilidad regional, desarrollo de la infraestructura para nodos de desarrollo y puertos, política ambiental integral, recreación y actividades culturales que vayan más allá de los espectáculos, espacios públicos dignos de disfrute colectivo y no de buso de malhechores, y acción ciudadana en distintas direcciones, desde la promoción de iniciativas salidas del fondo de la sociedad hasta el ejercicio de control sobre los actos de la administración, son asuntos que deben llamar la atención de los líderes máximos de cada país, que tienen que reconocer la responsabilidad de cooperar con los gobiernos locales.

En Nápoles, la Nea Pólis de los griegos, que la fundaron hace un poco más de dos mil seiscientos años y que es por lo tanto una de las más caracterizadas, coloridas y dinámicas ciudades del Mediterráneo, llena de historia, monumentos, edificios, plazas y calles construidos a lo largo de siglos de existencia, se ha iniciado esta semana el Sexto Foro Mundial Urbano, que reúne a miles de personas de todo el mundo interesadas en el mejor desarrollo de los asentamientos humanos.

La presencia de los países africanos es notable, aparte de la de Francia, Alemania, Suecia, China, Irán, Bahrain, China, Canadá y los Estados Unidos a través de algunas organizaciones civiles. Colombia, afortunadamente, hace al menos presencia como país de ciudades y aspira, con todo derecho, a lograr reunir el próximo foro en nuestra Medellín, que tan buen ejemplo de civismo y compromiso comunitario ha sabido dar a lo largo de los últimos años, a pesar de las enormes dificultades propias de los procesos que se dan en su entorno social y político.

El evento de Nápoles permite sin duda el encuentro de expertos y entusiastas que muestran avances enormes en materias como la planificación integral de ciudades cada vez más cosmopolitas inter étnicas y complejas, que son en realidad las impulsadoras de la globalización y de los escenarios más conectados con las opciones reales del mundo del futuro. Pero hacen falta los políticos, que a la hora de la verdad no aparecen por ningún lado, salvo claro está, los alcaldes interesados en compartir sus experiencias, pero por lo general abandonados por el establecimiento nacional de sus respectivos países, para no hablar de los del orden internacional.

Un viceministro del gobierno italiano inauguró el foro. El Presidente de la República tendría seguramente cosas más importantes qué hacer y no concurrió a la cita. Pero, lo que es peor y más sintomático, el Secretario General de las Naciones Unidas apenas envió, como de costumbre, un mensaje estereotipado que produjo la admiración de los novatos y la risa de los entendidos. Increíble, y a la vez muy sintomático, que no le haya dado al tema la importancia que merece.

Joan Clos, el fogoso antiguo alcalde de Barcelona, hoy Director Ejecutivo de Hábitat de Naciones Unidas, que como buen político europeo tiene ideas de fondo y no oculta el gusto por escucharse, aprovechó la ocasión y atropellando el Inglés, no se sabe si a propósito, pronunció un discurso de plaza pública a la hora de instalar el Foro, para hacer una reflexión sobre el papel de las ciudades en el desarrollo lo mismo que en la atención de los retos del inmediato futuro. Algo de ello quedó grabado en el entusiasmo de los asistentes, pero mientras quienes toman las decisiones en los más altos niveles de los gobiernos de todo el mundo no se ocupen de verdad de estos problemas, no como asuntos locales sino como preocupaciones de primera línea para naciones enteras, las ciudades seguirán creciendo de manera desaforada y más tarde será muy difícil manejar su permanente metamorfosis.  

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido