Publicidad

En la frontera caliente de Rusia

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Cuando el destino de un país depende de una consulta en las urnas, es mejor que la participación ciudadana sea elevada.

No todos los comicios tienen igual trascendencia histórica y política, porque no es lo mismo el trámite de turnar a una u otra persona en el ejercicio del mando, dentro de un sistema al que todos son leales, que tomar decisiones de fondo sobre la paz, el modelo político, o una u otra afiliación internacional. La apatía debe ceder entonces el paso al interés, porque quien no participe está cediendo una porción importante de su poder.

Atrapada entre Europa y Asia, y significativa estratégicamente por esa misma circunstancia, Moldavia se encuentra ante la posibilidad de correr una suerte parecida a la de Crimea, o a la de Ucrania. En el primer caso esto significaría que una vez más regresaría al dominio ruso. En el segundo que tendría que soportar las tensiones propias de los países que se encuentran cercanos política y económicamente a la Unión Europea pero obligados a resistir la permanente presión de Rusia. Todo esto sin perjuicio de divisiones internas.

La historia de los últimos setecientos años ha sometido a la región a tantos vaivenes, que el dilema de ahora no es sino uno más de los que ha tenido que vivir a lo largo de un proceso en el que figuran múltiples invasiones y cambios arbitrarios y violentos de dueño de los que ha sido objeto desde la época bizantina, para no ir más lejos. Con una parte de su territorio cedida por los otomanos a la Rusia Imperial, el camino quedó expedito para que pasara más tarde a formar parte de la Unión Soviética. Y a la caída de ésta el proceso no ha sido fácil, en cuanto fue tal vez el único país en el que los comunistas ortodoxos retornaron al gobierno por la vía de las elecciones, para conducir otra vez el país por una década a la manera de la Guerra Fría.

La tendencia de los últimos años, ratificada en las elecciones del domingo, es la de un compromiso ligeramente mayoritario con Europa y con el mundo occidental. Naturalmente el hecho de que las definiciones de la era post soviética se hayan tomado por la vía de las urnas marca una diferencia muy grande con esa historia de invasiones, cesiones, particiones e imposiciones que dejaron siempre de lado la voluntad popular. Pero las circunstancias de orden mayor que rodean la vida de la república más pobre de Europa, dedicada desde la era comunista principalmente a la producción de vino, no permiten pensar que podrá llevar una vida sosegada, en la medida que casi la mitad de su población preferiría tener lazos más fuertes con Moscú que con el mundo occidental.

Sin perjuicio de que los partidos tengan uno u otro nombre, y de que el objetivo del llamado a las urnas fuera el de establecer la configuración del parlamento, las elecciones en el fondo trataban de algo mucho más de fondo, como es la escogencia del rumbo que, entre oriente y occidente, ha de tomar el país. Y es entonces cuando se asoman las sombras de Crimea y de Ucrania.

Detrás de la mayoría leve de los votantes están las ilusiones de parecerse a los países de la Unión Europea, y de entrar a formar parte de ese grupo, mientras que por otro lado está la idea de consolidar y fortalecer una comunidad de intereses y rasgos culturales comunes con Rusia, la gran potencia regional. En la primera dirección ya Moldavia ha dado pasos importantes como el de un acuerdo de asociación con la Unión Europea, lo mismo que en su momento hicieron Ucrania y Georgia. En la otra dirección el que más ha trabajado es Vladimir Putin, quien a punta de palo y canciones trata de advertir la importancia de una buena relación. Lo que busca es consolidar en algún momento la asociación con la pequeña república, y amenaza con apoyar la independencia total de la región de Trans-Dniester, donde siguen estacionadas tropas rusas desde la era soviética, si Moldavia no se alinea con los intereses rusos. Esa región, dicho sea de paso, no participó en los comicios.

A pesar de no haberse podido imponer en las elecciones, ya que al completarse el 90 por ciento del escrutinio todo parece indicar que ganarán los pro europeos, la tendencia pro rusa de la población moldava seguirá jugando un papel relevante en la vida nacional y no cejará en su empeño de defender la cercanía con el gigante cuya lengua habla, al que étnicamente pertenecen muchos de sus habitantes y sobre todo en cuya cultura se encuentran más a gusto, fuera de las veleidades, como dicen ellos, de la corriente favorable al mosaico de la Unión Europea.

Lo anterior no obsta para que, por otro lado, en un lapso relativamente corto Moldavia haya conseguido estrechar sus relaciones con los países de la Unión al tiempo que mantiene formalmente su neutralidad, obligada por la circunstancia de la vecindad vigilante, por no decir amenazante, de los rusos. Por ese camino, y hasta ahora sin mayores avatares, ha llegado a ser miembro de la OTAN, lo mismo que de la Organización para la Cooperación y la Seguridad en Europa, del Consejo de cooperación del Atlántico Norte, la Organización Mundial de Comercio, el Banco Mundial y el Banco Europeo de Reconstrucción y Fomento.

Con todo, las perspectivas del futuro no están exentas de los peligros del pasado. No se trata ya del temor de una repetición de las invasiones de las que el país fue objeto en otras épocas por parte de los godos, los hunos, los búlgaros, los húngaros, los tártaros o los mongoles. Se trata en cambio de la disputa velada de los locales, y también de potencias extranjeras, dentro de las cuales la que actúa de manera más abierta es Rusia, que está dispuesta a hacer todo lo que esté a su alcance, desde el punto de vista de las presiones políticas, económicas e inclusive militares, para asegurar como es ya tradicional el cojín de países que le garantice tanto la continuidad de su condición imperial en la región, como una separación prudente del resto de Europa.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido