Publicidad

Que Francia no aísle a Hollande

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Nada más penoso para un presidente que resultar aislado en la cúspide del poder.

 A diferencia de los regímenes parlamentarios, que confieren de una vez el mando a quien ganó la mayoría de escaños, en los presidenciales de poco sirve una victoria en la elección del ejecutivo si no hay un legislativo que facilite llevar a la práctica lo que se prometió; por lo tanto son necesarios mayores esfuerzos por parte de los partidos y más coherencia por parte de los ciudadanos, productos ambos que en el fragor de la lucha política nadie puede garantizar.

No todo está claro todavía en el proceso de configuración de la Asamblea Nacional de Francia, de 577 miembros, que casi siempre toma dos vueltas, en la medida que a ella se llega de una vez solamente cuando se ha obtenido la mayoría absoluta de los votos depositados y al mismo tiempo una cuarta parte del favor de los votantes posibles en el respectivo circuito. A la segunda vuelta pasan quienes hayan obtenido al menos el apoyo del 12.5% de los votantes registrados en la circunscripción y entonces resulta elegido quien obtenga el mayor número de votos.

Conforme a las reglas y a la experiencia, la verdadera prueba del apoyo al nuevo presidente socialista dependerá del resultado final del proceso, que se conocerá el próximo fin de semana. Es entonces cuando se podrá establecer si la victoria en las presidenciales tuvo más o menos que ver con la antipatía de muchos electores hacia Nicolás Sarkozy. También será la medida del apoyo verdadero a las propuestas de cambio del nuevo presidente y mostrará las realidades del balance de la distribución de las fuerzas políticas entre la derecha y la izquierda, ahora que aparecieron circunstancias que les obligan a marcar sus diferencias una vez más.

Al término de la primera vuelta, todo parece indicar que los electores van camino de conceder a François Hollande y sus aliados una mayoría que permita llevar a la práctica las reformas que propuso el presidente socialista y que implican al mismo tiempo transformaciones internas en materias sensibles, como la regulación económica o el empleo, y una postura alternativa frente a la crisis europea. Ahora es el momento de las alianzas para rematar el proceso. Los socialistas, que obtuvieron poco menos que el 30% de los escaños en la primera vuelta, requieren de un juicioso, y exitoso, ejercicio de alianzas con otros sectores de izquierda, para consolidar una mayoría en la Asamblea que les permita llevar a cabo su programa. La derecha hará lo propio. Y la extrema derecha intentará seguir su camino solitario aunque con ganancias que dan mucho qué pensar.

En el proceso electoral francés, que se caracteriza por una alta participación y por un sentido republicano arraigado en lo más profundo de la sociedad, están a prueba la capacidad de los partidos, la coherencia de los ciudadanos y la validez de un sistema sui géneris, que toma elementos del presidencialismo y de los regímenes parlamentarios, de manera que según los resultados electorales el país se acerca más al presidencialismo cuando el habitante del Palacio del Elíseo cuenta con mayoría en la Asamblea Nacional, y a uno parlamentario cuando no. Situación esta última que dejaría aislado a François Hollande, lo que significaría que tanto el proceso francés como el europeo se quedarían sin poner a prueba las alternativas que desde la izquierda democrática ha propuesto el nuevo presidente y que merecen por lo menos una oportunidad.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido