Publicidad

¿Una Europa de la fuerza?

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Renacen propuestas de decisiones que podrían apartar a la Unión Europea del propósito original de asociarse para superar la crispación que lleva a la tragedia de las guerras.

Después del Brexit era de esperar que aparecieran nuevas manifestaciones de inconformidad con la marcha de una alianza que en corto tiempo duplicó el número de sus miembros e incorporó países de trayectoria distinta de aquella de los gestores del proceso de integración. También era previsible que aparecieran propuestas de modificaciones institucionales. Una de ellas es la de organizar un ejército europeo.

La seguridad y la defensa colectivas no dejaron de preocupar a los animadores originales de la unificación de Europa. Desde 2007 existen dieciocho “Grupos de Combate”, de mil quinientos soldados cada uno, procedentes de diferentes ejércitos, de varios países en algunos casos, que entrarían en acción para el cumplimiento de propósitos miliares, humanitarios, o de mantenimiento de la paz, bajo el control del Consejo de la Unión. Hasta el momento no han sido convocados.

En todo caso la Unión ha contado hasta ahora con el soporte implícito de los ejércitos de los países miembros, dentro de ellos el británico y el francés, que en virtud del resultado de la Segunda Guerra Mundial no tuvieron talanqueras para su desarrollo. Además ha confiado en el apoyo de la OTAN, como instrumento militar de acción conjunta de los socios de la Europa Occidental. Por esas razones, tal vez, no se consideró urgente organizar una fuerza armada específica, con carácter de ejército propio, como complemento del esfuerzo integrador que surgió para promover el desarrollo económico y social y alejar el clima de crispación que en Europa llevó nada más en el Siglo XX a dos guerras descomunales.

La incorporación de países provenientes del antiguo bloque comunista, que atendió a la idea de consolidar una Unión más inclusiva y fuerte desde el punto de vista de las oportunidades de progreso económico y social, significó al mismo tiempo un movimiento estratégico para hacerse a buena parte del espacio que los rusos controlaron hasta 1991.  El “cojín de protección” que desde el Báltico hasta el Mar Negro logró consolidar la Unión Soviética para garantizar su seguridad frente a las potencias occidentales, configurado por Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Hungría, Eslovaquia, la República Checa, Eslovenia, Croacia, Rumania y Bulgaria, pasaría ahora a cumplir una función similar pero en la otra dirección, para preocupación y disgusto de Moscú, que no ahorra ocasión para hacer demostraciones de fuerza como argumento disuasorio en su relación con la nueva Europa.  

La velada competencia con Rusia, que podría desatar el juego de una nueva “guerra fría”, y la vulnerabilidad y falta de compromiso unificado de la Europa comunitaria ante la presión de los inmigrantes, que desean entrar a cualquier precio en el espacio europeo, se han convertido en argumentos para pensar en un replanteamiento de la política de seguridad. Por eso algunos piensan en la insuficiencia de los Grupos de Combate, debilitados por la ausencia del poderío militar británico y ven una solución en la organización de un ejército europeo propio.

Mientras se toman decisiones ante las anteriores “amenazas”, no se han hecho esperar respuestas desordenadas y espontáneas que solo introducen mayor grado de confusión en el ambiente. Así lo demuestra el avance de una especie de populismo nacionalista y xenófobo que reclama el cierre de fronteras y la recuperación de “valores, principios y privilegios” originales de uno u otro país, como lo hacen el Frente Nacional en Francia y otros partidos de extrema derecha en Alemania y otros países. También se han presentado confrontaciones como la que acaban de protagonizar Luxemburgo y Hungría, que se han acusado mutuamente de maltrato a los inmigrantes y de complicidad con el fraude de empresas interesadas en alojarse en paraísos fiscales. Y han surgido grupos al interior de la Unión, como el que conforman en la práctica Polonia, Hungría, Eslovaquia y la República Checa, interesados en tramitar al unísono intereses comunes.

Esos son el clima y las circunstancias en las que vuelve a aparecer la sugerencia de que la Unión Europea tenga su propio ejército. No han faltado quienes consideren que solamente con la existencia de esa fuerza armada la Unión tendrá un grado mayor de capacidad disuasoria frente a Rusia y a otras potencias, acostumbradas a respetar solamente a quienes tengan poder suficiente para amenazarlas o competir con ellas. Por ese camino, y para contrarrestar el problema de la inmigración, se podría llegar a organizar una especie de “Schengen de la Defensa”, capaz de hacer respetar las fronteras comunes ante la amenaza de cualquier depredador.

La propuesta, que se somete a la lógica del armamentismo, se plantea en un momento crucial para la Unión, cuando se deben definir los parámetros que permitan mantener la unidad de los estados y el entusiasmo ciudadano luego del retiro británico, así como evitar cismas en cuanto al delicado balance entre el poder central y los periféricos, y definir cambios estructurales y modificaciones en los procesos de toma de decisiones, para garantizar la continuidad y el éxito de la Unión.

Así que se avecina un debate crucial sobre una estructura autónoma y propia de la defensa y la seguridad europeas, que debe involucrar las definiciones sobre el papel de la OTAN, la política de convivencia pacífica con Rusia, los argumentos de hecho y el lenguaje adecuado para hacerse respetar, y la medida de la conveniencia de lanzar a Europa hacia una especie de nuevo armamentismo de consecuencias imprevisibles, al permitir que renazcan las peligrosas animadversiones que surgen cuando se dialoga, y se convive, con las armas en la mano. Europa y el mundo corren el peligro de que se modifiquen hacia el futuro los postulados originales de privilegiar la unidad para el desarrollo, conforme al documento histórico fundacional de Robert Schuman que propuso la unión de los europeos para “hacer que la guerra sea impensable y materialmente imposible”.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido