Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
La crisis hipotecaria se incubó hace 15 años, con la desregulación del sector financiero. Se utilizó la tasa de interés para moderar las alteraciones del Producto Interno Bruto y bajar la inflación.
Hace un año estalló la crisis hipotecaria subprime en Estados Unidos. Sin embargo, a medida que la crisis se trasladó a instituciones importantes y se reflejaba en los índices de actividad productiva y empleo, en el desespero se procedió a bajar aceleradamente las tasas de interés de referencia y crear amplias posibilidades de crédito a bajas tasas de interés.
La crisis hipotecaria subprime y de todo el sistema financiero se incubó de tiempo atrás. Desde hace quince años se procedió a desregular el sector financiero y en los últimos diez años a emplear la tasa de interés para moderar las alteraciones del producto nacional, bajar la inflación y contrarrestar los altibajos del sector financiero.
La respuesta de Bernanke al agravamiento de la crisis fue la baja de la tasa de interés para evitar la caída de las cotizaciones de las acciones la construcción y la apertura de generosas ventanillas de crédito a bajas tasas de interés al sistema financiero. Como se anticipó en esta columna y en el artículo presentado en Davos por Soros, la fórmula tenía serias limitaciones en un momento de inflación mundial que inevitablemente, dentro de la prioridad a la inflación de los bancos centrales, presionaría a revertir la política o a detenerla. En efecto, cuando la tasa de interés llegó a 2%, la Reserva Federal suspendió el descenso y los precios de las acciones aceleraron la caída. Los agentes se trasladaron a activos más líquidos y menos riesgosos, como los bonos del tesoro, las cuentas corrientes y el oro.
La situación se agravó por las pérdidas del sistema bancario. Los bancos quedaron ante el dilema de reducir los préstamos para cumplir con el requisito del apalancamiento o de elevar el capital ofreciendo altas tasas de interés por las colocaciones de bonos y acciones. En la actualidad la tasa de interés de los bonos de mala calidad más que duplica la tasa de largo plazo.
Se configuró el típico colapso de crédito. El público buscó eludir el riesgo desprendiéndose de los bonos y las acciones para buscar refugio en actividades más liquidas, a tiempo que el sistema bancario restringió el crédito y paga elevadas tasas de interés por el endeudamiento. El ahorro del sistema no fluye a la inversión, ocasionando una fuerte contracción de la demanda agregada. Por eso, el desempleo aumentó en un punto porcentual en el último año y la actividad productiva se dirige a un estado recesivo.
La verdad es que explotó la burbuja del riesgo que se mantuvo en pie gracias a las bajas tasas de interés para contener los precios de las acciones y la construcción y por la apertura de ventanillas de crédito a bajas tasas de interés. La Reserva Federal perdió la capacidad para enfrentar la crisis financiera con medidas de tipo general. La salida sólo puede lograrse mediante acciones puntuales.
Frente a esta realidad, Bernanke procedió a emplear en forma pragmática y selectiva el poder monetario para evitar el contagio y la extensión de la crisis financiera y propiciar la actividad productiva. En marzo facilitó y contribuyó a la venta de Bear Stern, y más tarde adquirió Fannie Mae y Freddie Mac. El tono cambió en la última semana; dejo quebrar a Lehman Brother, autorizó la compra de Merrill Lynch por el Banco de América y le brindó un crédito a la aseguradora AIG.
La intervención ha sido obstaculizada por la doctrina del peligro moral que proscribe apoyar instituciones que causaron la crisis, recibió descalificaciones del Congreso y los ex presidentes de la Reserva Federal, Volcker y Greenspan, y en la práctica aparece desesperada, indecisa y arbitraria. No se quiere reconocer que las principales causas del fracaso son la organización económica de desregulación y de la Reserva Federal, y que la intervención no es otra cosa que un correctivo a la falla del mercado. Dejar que la decisión de los ganadores y perdedores venga del mercado, puede significar enormes costos sociales, en particular, dejar que los daños se extiendan a todo el sistema financiero y productivo.
La síntesis es clara. La crisis estadounidense es la consecuencia de la desregulación de la economía, la incoherencia de la Reserva Federal, que pretende con un solo instrumento lograr varios objetivos, y la falta de instituciones y reglas para actuar como prestamista de última instancia. Sin embargo, no se divisa una voluntad para reformar las teorías que las propiciaron, ni introducir cambios de fondo en las instituciones. Los tumbos del sector financiero seguirán y la recesión será más larga de lo imaginado.
Las secuelas sobre Colombia no pueden pasar desapercibidas. Los recursos que entraron animados por la revaluación y las privatizaciones están volando en busca de instituciones con mejores calificaciones y menor riesgo. La economía queda asediada por la devaluación acelerada, la caída del precio de la Bolsa y la fuerte contracción del financiamiento en moneda nacional y extranjera. A menos de que se modifique la orientación doméstica del Banco de la República, el país experimentará más de una sorpresa.