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Crisis mal entendida

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Cualquier dato que es menos malo que el anterior, es tomado como una manifestación de recuperación.

El disparo de las bolsas de valores generó un entusiasmo que fue acentuado por la interpretación ligera de las cifras. Cualquier dato que es menos peor que el anterior, se toma como señal de recuperación y de salida de la crisis. El sumo se dio con el aumento de la tasa de desempleo de 8,9% a 9,4% que fue recibido con aplausos.

Como lo señalé, la falla está en el predominio de las cifras sobre la teoría y el análisis y tiene su manifestación más dramática en la carencia de un diagnóstico de consenso sobre las causas de la crisis. Las medidas se justifican con las teorías fracasadas y se calibran con el dato más reciente.

La última fase de las políticas de EE.UU ha sido arbitraria y adolece de base científica. Como la tasa de interés de corto plazo se encuentra en cero y la gente no está dispuesta a recibir el crédito, la liquidez se inyecta creando toda clase de oportunidades especulativas para propiciar la valorización de activos y financiarla.

Las cotizaciones de la bolsa en circunstancias regulares están relacionadas con la actividad productiva, pero el comportamiento cambia bajo condiciones de recesión y exceso de ahorro. En ese caso es posible que el ahorro y el crédito se destinen a la compra de acciones y bonos y que la otra parte se contrarreste por la salida o la menor entrada de capitales. Es lo que ha ocurrido. La baja de la tasa de interés de corto plazo a niveles negativos y la devaluación llevaron a los países asiáticos a reducir la demanda de títulos del Tesoro. El fiasco no podía ser peor. Luego de introducirle al sistema bancario US$3 billones, los recursos salen del país y la tasa de interés de largo plazo se dispara por encima de 4%. La política monetaria se vuelve inefectiva.

El origen de la crisis es el orden económico internacional en el cual los países emergentes, en particular los de Asia, deprimen los salarios para generar excesivos ahorros que se envían a EE.UU para ser colocados en la especulación. El desplome del andamiaje adquirió la forma de una gran desvalorización de activos que ocasionó un exceso de ahorro sobre la inversión que provocó el desplome del producto e impide la entrada de la liquidez a la economía. En las teorías clásicas y neoclásicas se da por hecho que este comportamiento es temporal, porque la caída del producto ocasiona una reducción del ahorro, la baja de la tasa de interés y la ampliación del crédito que recuperan el balance macroeconómico.

Nada de esto ocurrió en EE.UU. La caída del producto fue acompañada del crecimiento del ahorro personal, de 0 a 5,6% y la caída del crédito de consumo. En conjunto determinan una contracción del producto de 8%. Las perspectivas externas se ven enrarecidas por la propagación de la crisis. El cierre de los mercados internacionales de intercambio mantiene el desplome industrial y la elevación de la tasa de interés de largo plazo constituye un obstáculo para el arranque de la vivienda y los automóviles.

Ciertamente, el plan de estímulos fiscales de EE.UU. contribuirá a contrarrestar el desbalance macroeconómico, e implica este año una expansión efectiva de 1,5% del PIB. De esa manera, el producto nacional, que venía cayendo 6% en el último trimestre de 2008 y el primero de 2009, mejorará en el segundo semestre. Lo grave es que los planes de estímulos tienen efectos por una sola vez. Si la reducción de la caída del año 2009 se quiere mantener, el monto de la operación tendría que duplicarse.

Los hechos se han encargado de demostrar el error de la concepción teórica. Los esfuerzos de la FED y de la Secretaría del Tesoro para corregir el desajuste con la inyección de la liquidez, pudo generar alguna recuperación e inflar la burbuja, pero no han resuelto el problema estructural y lo ha agravado. Luego de año y medio de recesión, la economía estadounidense enfrenta una elevación del ahorro, contracción del crédito, disparó de la tasa de interés de largo plazo y caída de la industria. Mientras persistan esas condiciones, la aparente mejoría de la economía no es sostenible .

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