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El regreso de la burbuja

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En EE.UU. el empleo, la industria y el crédito siguen cayendo, aunque puede haber una ligera mejoría.

En los últimos días se ha generado una gran euforia en las autoridades y en los medios de comunicación estadounidenses. El repunte bursátil de los últimos meses ha llevado a los más cautos dirigentes a anticipar que la economía de EE.UU. saldrá de la recesión al final del año y recuperar el crecimiento en 2010. Las predicciones no están basadas en los fundamentos de la economía, sino en deseos y la evolución de las cifras. Cuando un indicador mejora con relación a la anterior o a las predicciones, se interpreta como un signo de que continuará igual en el período siguiente.

El empleo, la industria y el crédito, que constituyen los principales indicadores de la actividad real, revelan caídas considerables, aunque pueden ser ligeramente mejores a los inmediatamente anteriores. En marzo la producción industrial cayó 15% con respecto al año pasado, en abril el desempleo aumento 4 decimales, igual que en los meses anteriores, y la última cifra de crédito revela una caída espectacular de 11%.

En realidad, el optimismo proviene de las cotizaciones de la bolsa, el freno de la caída de los precios de la vivienda y la reducción de las pérdidas bancarias. Todos estos comportamientos eran predecibles y son la consecuencia de la política de la Reserva Federal y de la Secretaría del Tesoro.

Los esfuerzos, o si se quiere los paquetes de estímulos, se han orientado fundamentalmente a entregarle recursos al sistema bancario para cubrir las pérdidas de capital, que se estiman en más de US$3,5 billones, asignar generosas líneas de crédito para adquirir en condiciones favorables los activos tóxicos y ofrecer amplios apoyos para reducir el costo de las hipotecas inmobiliarias.

En contraste, la destinación de recursos para ampliar la actividad productiva ha sido muy reducida. Del déficit fiscal previsto de 13% del PIB para el presente año, sólo 1,5% está representado en el aumento del gasto efectivo. De los US$3 billones entregados por la Reserva Federal y la Secretaría del Tesoro a los organismos financieros, ni siquiera la tercera parte se refleja en los agregados monetarios y mucho menos en el crédito. No hay que buscar el ahogado aguas arriba. La orgía financiera se encuentra representada en su mayor parte en la valorización de los activos, llámense acciones, vivienda o materias primas, que se incrementaron más de 15% en los últimos dos meses.

Lo anterior tiene una clara contraparte en el comercio y en los flujos de capitales internacionales. A diferencia de lo que se supone, Estados Unidos opera como moneda de reserva dentro de la modalidad de cambio fijo. Cuando la FED aumenta la liquidez, la oferta de dólares se incrementa y el tipo se modifica con respecto al resto del mundo.

 En tales condiciones, como se enseña en la primera lección de comercio internacional, las acciones de política tendientes a ampliar el crédito interno determinan la baja de la tasa de interés y la congestión de emisión que inducen la salida de capitales o frenan la entrada. El impacto neto es nulo; el aumento del crédito para los bancos se efectúa a expensas de contraer el crédito para las importaciones y cerrar los mercados mundiales de intercambio de bienes.

La valorización de los activos, o si se quiere la inflación de la burbuja, se realiza a cambio de la caída generalizada de las exportaciones, que tuvo su manifestación más severa en el último trimestre de 2008, cuando se desplomaron las ventas externas y el producto de Japón, Corea y Singapur.

Ciertamente, la política logró que el ahorro liberado por la desvalorización de activos en Estados Unidos volviera al sistema económico. Sin embargo, no se ha conseguido que se convierta en consumo e inversión. La economía no ha superado el exceso de ahorro sobre la inversión que impide la movilización del crédito y mantiene la deficiencia de demanda efectiva. En el presente año seguirá registrando tasas de actividad negativas y luego entrará en estado de estancamiento.

El mundo está pagando el error de diagnóstico y manejo. El intento de enfrentar el desbalance externo como si fuera una crisis de liquidez y solvencia morigeró los colapsos financiero y bursátil, pero no ha levantado la producción y el empleo. El sistema está entre la burbuja monetaria y la recesión.

La economía mundial revelaría una cara muy distinta si se hubiera procedido a corregir el desbalance en el orden económico internacional mediante la devaluación concertada del dólar y el fortalecimiento de los mercados internos de los países emergentes.

La desvalorización de los activos se habría compensado con la reducción del déficit en cuenta corriente de Estados Unidos y del superávit de los países emergentes, la recesión sería leve y corta y no se propagaría en forma de dominó.

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