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LOS HECHOS ECONÓMICOS SOBREsalientes del año giraron en torno a la incapacidad de los líderes para reactivar y estabilizar la economía mundial. Los círculos influyentes estadounidenses predecían que en 2011 el producto nacional crecería 3,5% y entraría en franca recuperación; la información más reciente señala que apenas llegará a 1,5%.
Durante el año se vio como a diario alguna economía europea aparecía con elevado endeudamiento y déficit en cuenta corriente y se precipitaba en recesión, ante la pasividad e indecisión de las autoridades.
La explicación se encuentra en que círculos dominantes no han entendido las causas de la crisis y no reconocen que la raíz se halla en el orden económico internacional. Así, de tiempo atrás, China, Japón, Alemania y Rusia operan con cuantiosos superávits en cuenta corriente y los ahorros se desplazan a Estados Unidos y otros países, y como no encuentran inversiones rentables, se destinan a la especulación y la formación de burbujas. La economía mundial está bien cuando suben los precios de los activos y está mal en el caso contrario. Los países medianos que tienen mejores condiciones para proyectarse en los mercados internacionales operan con déficits en cuenta corriente.
Tal es el caso de los países periféricos de Europa, que operan con déficit porque Alemania es más eficiente y les vende los productos a menores precios. En la práctica se encuentran entre el déficit en cuenta corriente y la recesión. La política fiscal alivia una falencia a cambio de agravar la otra. La corrección de las dos falencias sólo se puede lograr con una severa devaluación y la colaboración de Alemania y Francia para hacerla efectiva.
Algo similar sucede en Estados Unidos, el epicentro del exceso de ahorro mundial. Los ahorros que le llegan de Asia, más los precarios generados internamente, superan ampliamente las oportunidades de inversión. La recuperación plena está condicionada a cuantiosos déficits fiscales y en cuenta corriente que superan la percepción de la sociedad estadunidense. Tan cierto es esto que el déficit de 12% del PIB sacó la economía de la recesión y su reducción a 9% bajó el crecimiento de 3,5 a 1,5%.
¿Qué falló? El mundo ha girado alrededor de la concepción clásica, y también keynesiana, de que la economía tiende a un estado de tasas de interés positivas y superávits deseados de la balanza de pagos iguales a los déficits. La realidad observada a lo largo y ancho del universo es totalmente distinta. Desde hace más de una década, el mundo opera con tasas de interés cercanas a cero y superávits en cuenta corriente superiores a los déficits deseados. La política monetaria es inefectiva, porque el público no recibe la liquidez o no la destina al gasto. La política fiscal no está en capacidad de subsanar el exceso de ahorro mundial para aumentar la producción y el empleo y equilibrar la balanza de pagos. La eficacia del manejo macroeconómico está condicionada a la combinación estratégica de los instrumentos y a su aplicación concertada con el resto del mundo.
Mientras se mantenga el orden económico internacional, en el cual China, Japón, Rusia y Alemania operan con cuantiosos superávits en cuenta corriente y Estados Unidos con un modesto déficit, el mundo estará expuesto a la inestabilidad cambiaria y financiera y recesiones que se trasladarán de un lugar a otro. La alternativa, planteada en mi último libro, Transformación productiva y equidad, después de la crisis, es una gran coordinación mundial orientada a conminar y armonizar los superávits y déficits teniendo en cuenta el tamaño y las características de los países. En la práctica, significa la devaluación de los países periféricos de Europa, la ampliación de los estímulos fiscales en Estados Unidos y el recorte de los superávits en cuenta corriente de las economías mayores del globo.